La familia de Rodrigo Filgueira es una de las tantas de Miño que comienza a pensar en alojarse en algún municipio vecino para esquivar los problemas de la falta de agua. Asegura que lo más duro no es tener ropa amontonada para varias lavadoras y toda la vajilla sucia, lo peor es que se están quedado sin mudas para su niña de dos años.
«Con lo que se manchan los niños es horrible, lo estamos pasando fatal, bueno como el resto», detalla el padre de familia, que, ayer por la mañana, desesperado, se fue a comprobar la evolución de las obras.
«No creo que consigan nada hoy, diga lo que diga el alcalde, tienen toda la tubería colocada encima de la acera», aseguraba a primera hora de la tarde. Rodrigo esperaba que el Concello pudiese cumplir su promesa de restituir el suministro al mediodía y se llevó un disgusto cuando comprobó que ni había agua en el grifo ni los servicios de Protección Civil podían ayudarle.
«No los culpo, hacen lo que pueden y solo tienen un camión, lo que me parece un poco mal es que estén dando tanta prioridad a los establecimientos públicos, en lugar de a los particulares», señaló.
Este vecino de Miño sopesaba seriamente marcharse fuera del municipio para poder asearse y lavar ropa, pero también «manifestarse por la calle».
Los hosteleros de Miño trataron de salvar la segunda jornada sin agua sirviendo muchos cafés preparados con solubles con leche, ya que el agua que les facilitó el Ayuntamiento no era potable.