Vidas pendientes de la sardina

A CORUÑA

Los trabajadores de la cofradía de Sada mantienen su escasa actividad mientras esperan que los barcos lleguen más cargados

08 ene 2009 . Actualizado a las 14:06 h.

El puerto de Sada no trabaja a medio gas. Ojalá. El movimiento de barcos, marineros y operarios se ha ralentizado hasta moverse a cámara lenta. No hay sardina. No hay trabajo. Y el paro es la espada de Damocles de los cuatro trabajadores de la cofradía de Sada, que estuvo virtualmente cerrada durante el mes de diciembre. Sensibilizada con un recorte de prensa, la Consellería de Pesca acudió entonces al rescate. Esperanzas renovadas. Pero la sardina será la que dicte sentencia.

Mientras tanto, se reparten el escaso trabajo. Juan Rodríguez mantenía ayer el pulso con la maquinaria de la fábrica de hielo. Allí ha cocinado su sueldo desde 1992.

Desde esta gélida nave ha visto, desde 1992, la decrepitud de un puerto puntero y de referencia en Europa. «En 1992 éramos cuatro en la fábrica trabajando a turnos todo el día, ahora estoy yo por las mañanas y a veces no hay ni mucho para hacer», confiesa. Tiene mujer (en paro), dos hijos y una hipoteca. Si la cofradía acaba cerrando le espera volver a faenar en los barcos. «No es lo que más me entusiasma, pero con 49 años tampoco hay mucho donde elegir», razona.

Su futuro está en cada barco que entra en puerto al final de la jornada. «En cuanto llegan preguntamos qué tal ha ido el día, cuánto han pescado, porque dependemos de lo que traigan, de la sardina que entre en el puerto», apunta Juan.

En la misma tesis coincide otra trabajadora de la cofradía, María José García, que desempeña su labor en la lonja. «Si aparece sardina entrarán ingresos, pero si los barcos llegan vacíos no hay nada que hacer», apunta. Ya antes de concluir sus estudios de empresariales, María José, casada y con dos hijos, se dedicó en cuerpo y alma a la lonja sadense, donde llegaron a trabajar cuatro operarios de la cofradía. «Hoy somos dos y me gustaría que el trabajo se mantuviera», dice. El pasado mes de diciembre vio las cosas muy oscuras, cierre inminente, hasta que la consellería reabrió las esperanzas. O la agonía.