El propietario de un vehículo que pagó su dinero por estacionar correctamente se encontró con una multa injusta, una sanción que nunca mereció. Podría haber puesto el grito en el cielo, incluso encadenarse a las puertas de la comisaría. También podría optar por contratar a un abogado y emprender acciones legales contra el Ayuntamiento. Otros, por mucho menos, llegarían al insulto. Pero este hombre no es de esos. Prefiere el verbo florido que el adjetivo calificativo. Y cuando se encontró con una multa de la ORA sujeta al limpiaparabrisas de su coche a pesar de que el recibo que acreditaba estar correctamente estacionado estaba bien visible, no montó en cólera. Montó su ordenador, se sentó y escribió lo que aquí sigue: «Señor Agente. En primer lugar, le deseo feliz año nuevo. En segundo lugar, fíjese bien hoy porque he puesto ticket y ayer también, sin embargo me encuentro con multa de la ORA. ¿Cómo es posible? El ticket estaba bien visible. Por favor, haga el favor de retirar una multa que no tiene lógica. Para cualquier consulta, acérquese a Banesto, estoy trabajando como usted. Gracias».
Así de simple. Así de educado. Para qué más aspavientos o recursos interminables si una simple nota, escrita con mimo y respeto, podría llamar igualmente la atención del agente de la ORA que se equivocó. Quiso, por encima de todo, hacerle ver que su vehículo estaba correctamente estacionado y con el impreso que acreditaba el abono por el aparcamiento en su sitio. Pagó por ello y así se lo pagaron. Lo que no sabe es si el agente leyó el escrito.
Pero no solo escribió la nota. Sobre ella, el molesto conductor puso las pruebas que dejaban con el block al aire al agente destinatario. Primero, dejó en el parabrisas, sobre la nota, la multa. A un lado, dejó el recibo que acredita que el mismo día y a la misma hora en que fue puesta la sanción, el vehículo no cometía infracción alguna. Y para demostrar que lo de pagar la ORA no es en este hombre flor de un día, también dejó otro recibo.
Para demostrar que durante su jornada laboral, de lunes a viernes, este ciudadano cumple y paga como Dios manda. Porque este hombre ha aportado mucho a esta ciudad, se ha dejado parte de su salario en sostener las arcas municipales. Es de los que tienen la desgracia de trabajar en un lugar rodeado de zona azul, obligado a pagar para ir a trabajar. Y eso le revienta. Pero más le revienta que su civismo se vea «pisoteado».
A pesar de su enfado, no ha querido dejar pasar la oportunidad de felicitarle el nuevo año al agente que todas las mañanas, sin excepción, se preocupa por su vehículo, al funcionario y trabajador, como él, que revisa su coche y se preocupa de que esté correctamente estacionado. Y para cualquier aclaración en persona, el ciudadano no dudó en invitarlo a su puesto de trabajo y discutir ahí si la multa está bien o mal puesta. ¿Para qué llegar a recursos, sufrir la pesada burocracia, si el asunto se puede resolver con una felicitación navideña?