Un monumento con envidia de la torre de Hércules

La Voz

A CORUÑA

Domingo de otoño. Sol de mediodía. El termómetro marca los 20 y parece verano. Entramos en el castro de Elviña. Las visitas guiadas, pone un cartel, son los domingos a las doce. La entrada es gratuita. Debe llamar al 981?189?850 el que quiera más información, dice el cartel. No hay que apuntarse antes. Uno se presenta el domingo a mediodía y listo. Hasta aquí todo bien, excepto porque solo somos cuatro personas. Y eso que hoy no sopla el viento y el día es fantástico.

Una guía se acerca, saluda y nos entrega un tríptico con plano, fotos e información. «La visita comenzará dentro de cinco minutos. Bienvenidos al castro de Elviña». Tensa espera mientras compruebo que efectivamente solo vamos a ser cuatro personas. Nada que ver con los grupos que suelen formar parte de la clásica visita guiada de cualquier museo, monumento o paraje natural.

Ha empezado la temporada y dos cazadores atraviesan un monte cercano. Están a doscientos metros de nosotros. Sus perros les van abriendo camino. Miro al suelo y veo un cartucho rojo. Los cazadores pasan por el exterior de la valla pero el cartucho está en el interior del recinto. En el interior del castro de Elviña.

Furtivas miradas a la puerta de entrada a ver si viene alguien más. Nada. Ni rastro de coches o posibles visitantes. No me puedo creer que con el día que hace, vayamos a tener a la guía para nosotros solos. «Será que falta promoción. La gente no sabe que esto se puede visitar», dice uno. «O que a lo mejor esto ya lo conoce todo el mundo», añade otro. «Pues la torre de Hércules también y siempre está a tope». De nuevo, se acerca la guía. «Vaya, parece que no a venir nadie más hoy, ¿no?». Nos encogemos de hombros. Empezamos la visita. «Me llamo Lucía y hoy voy a ser vuestra guía. Podéis interrumpirme para preguntarme lo que queráis. ¿Sois de Coruña?» «Nosotros dos, sí». «Nosotros, de Santa Comba, pero vivimos aquí», es la respuesta. «¿Es vuestra primera vez?». «Pues sí», dice uno. «Yo venía de pequeño con el colegio», apunta otro. Nos vamos soltando.

Hora y media

Cincuenta minutos después. Ya sabemos que entre 1947 y 1985, hombres como Luis Monteagudo, Jose María Luengo y Felipe Senén descubrieron, con perseverancia y mucho esfuerzo, las primeras construcciones del castro: el templo del ídolo fálico, el aljibe, la casa de la exedra... Que luego, el abandono y maleza hicieron su agosto hasta que en el 2002 volvió el esplendor a Elviña y aparecieron las casas de la croa, las murallas, el taller de metalurgia y miles de piezas de cerámica, metal y vidrio. Los restos más destacados están expuestos, junto al tesoro de Elviña y al ídolo fálico, en el Museo Arqueolóxico del castillo de San Antón.

Sensaciones tras el intenso recorrido por la acrópolis y por todo lo que queda por excavar. Me ha gustado mucho visitar el castro. Seamos cuatro o seamos cuarenta. Porque te cuentan, por ejemplo, la leyenda que rodea al tesoro; porque si el tiempo está seco, casi puedes ver los cinco metros de profundidad que tiene el aljibe; y porque, de paso, tienes unas excelentes vistas de la ciudad. (Aunque los primeros pobladores del castro las tendrían mejores sin rellenos sobre el mar ni edificios). Pero todo esto es mejor que te lo cuenten en la hora y media que dura la excursión. Un excelente plan para los domingos de sol y de no sol, apto para todos los públicos y gratis. «¿Os importa rellenarme una encuesta? Es para saber qué os ha parecido la visita», dice Lucía.

Y después de poner «sobresaliente» en el papel, los cuatro visitantes de la semana abandonamos el inmenso, increíble y fascinante castro de Elviña mientras vemos como la guía Lucía se marcha a pie, camino del centro de la ciudad. O camino de la parada del bus, para coger el 24. Y es que este lugar no está lejos pero a veces lo parece. Seguro que el castro tiene envidia, mucha envidia, de la torre de Hércules.

Entre el 20 de enero y el 31 de octubre de 2008 visitaron el castro de Elviña 2.567 personas. De esta cifra, 1.946 eran escolares de un total de 60 colegios que acudieron en visita organizada al yacimiento. El resto, fueron visitantes de los domingos de invierno y de las visitas diarias del verano. Según la responsable de didáctica del castro, Begoña Bas, «hai visitas concertadas ata final de ano e pode que cheguemos aos 3.000 visitantes no 2008».