El Palacio de la Ópera se quedó pequeño para una nueva propuesta de los conciertos extraordinarios de la Fundación Barrié, en los que empieza a ser habitual ver aficionados portando carteles en la entrada solicitando conseguir unas invitaciones.
El concierto comenzó con los dos líderes, Chick Corea y John McLaughlin, interpretando una versión muy libre del clásico de Monk Round midnight y a continuación salió el resto de la banda Christian McBride (bajo), Kenny Garrett (saxo) y Vinnie Colaiuta (batería). A partir de ese momento, los cinco músicos sobre el escenario pusieron sobre antecedentes al público de lo que iba a ser el resto del concierto, una actuación brillante, intensa y electrizante.
La banda dosificó perfectamente el ritmo del repertorio, alternando temas eléctricos, con sonoridades acústicas, en lo que fue un recorrido por las trayectorias tanto de Chick Corea como de McLaughlin, dos pesos pesados de la escena del jazz contemporáneo, surgidos bajo el auspicio del legendario trompetista Miles Davis, que recurrió a ellos a finales de los 60 y con el que grabaron dos discos: In A Silent Way y Bitches Brew. El que podía pensar que el concierto se iba a centrar en la cualidades técnicas de Corea y McLaughlin se llevó una muy agradable sorpresa al comprobar que el resto de la banda brilló con la misma altura, con solos espectaculares de McBride, fraseos concisos de Garrett y la contundencia y versatilidad de Colaiuta.
El concierto se alargó hasta las dos horas y media, síntoma de que los músicos estaban disfrutando de la actuación y que acabaron, con el público en pie, con un tema de la banda de Chick Corea Return to Forever.