Una viguesa vivió durante un curso en uno de los galpones de A Zapateira
11 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Hace siete años que vivió en una de las infraviviendas situadas en A Zapateira, pero todavía lo recuerda como si hubiera sido ayer. Solo aguantó nueve meses, lo suficiente para sacar el curso adelante, y buscar un nuevo alojamiento. «Lo viví como una situación temporal, ya que para mí no eran unas condiciones óptimas para vivir».
Esta viguesa llegó hace siete años a A Coruña para estudiar Imagen y Sonido, no conocía a nadie en la ciudad y no quería compartir piso con desconocidos. «No quería vivir con gente que no conocía de nada, y cuando llegué con mis padres para buscar piso, fue uno de los números que encontramos en las facultades».
Esta joven vivió en uno de las galpones situados en la calle María Ana Mogas Fontcuberta junto con otros siete jóvenes. El alquiler ascendía a veinte mil pesetas en aquella época, además de las facturas de luz y agua.
La vivienda donde ella residió ocupaba una superficie de 12 metros cuadrados. En el habitáculo había dos hornillos para cocinar, un armario, una cama, una mesa de estudio, una nevera pequeña y un cuarto de baño separado por una puerta. Las ventanas del galpón estaban cubiertas de reja, algo que no le gustaba mucho a la inquilina. «Me preocupaba un poco que estuviera todo de rejas, sobre todo porque si pasaba algo no había manera de entrar, ni los bomberos».
El dueño de la propiedad vivía unos metros más abajo de su vivienda, quizás por eso tenían facilidad para «colar a sus amigos». «Era un poco reacio a que nos viniera a ver la gente, pero como no estaba justo al lado era fácil que vinieran de vez en cuando», explica la joven.
Esta viguesa reconoce que la vivienda de A Zapateira en la residió nueve meses era un lugar desagradable. «No era un sitio agradable para vivir, pero era lo que había en ese momento». «Había muchísima humedad, y teníamos una bombilla en el medio de la habitación que era con lo que veíamos, incluso había muchas veces que estaba cocinando y no se veía», explica.
Mal recuerdo
Cuando llegó el mes de junio de ese año comenzó a buscar piso, tenía muy claro que en ese galpón no pasaría ni un día más. Buscó piso con los amigos que había hecho en la escuela de Imagen y Sonido. «Después de todos aquellos sitios, cualquier cosa era mejor». De su paso por A Zapateira no guarda buen recuerdo. El último día que se fue estuvo buscando al propietario de las viviendas por todos lados, no dio con él, y se fue a Vigo sin pagar la factura de la luz, unas mil pesetas de entonces. «Después de todo, me llamó durante un mes para preguntarme por las mil pesetas».
No guarda amigos de su paso de su primer año fuera de casa. «Allí cada uno iba a su rollo».