Son capaces de plasmar en una pared cualquier estilo pictórico. Una muestra: el viaducto de San Pedro de Mezonzo
02 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Son ocho columnas de ocho lados cada una. Dieciséis artistas han recreado sobre el papel diferentes escenas de la historia de A Coruña para que ocupen estos lienzos de hormigón, conmemorando así el 800 aniversario de la ciudad. Sus obras son reinterpretadas, mejor dicho, trasladadas fidelísimamente a las columnas del viaducto de San Pedro de Mezonzo por Miguel Ruiz y Leo López, dos jóvenes artistas integrantes del estudio gráfico Alavista, que trabajan contrarreloj con sus espráis para que todo esté listo en plazo.
Son los responsables del mural del garaje del edificio BCA 28, en la Grela. Pero el reto al que se enfrentan ahora es mayor: recrear los diferentes estilos de las 16 obras: «Les dimos ciertas directrices a los artistas para que intentaran adaptarse al soporte y a las dimensiones... Y, bueno, más o menos, lo han hecho», dice Leo.
Miguel insiste en diferenciar lo que ya puede verse bajo el viaducto, de los grafitos: «Tienen una intencionalidad opuesta. Los grafitos son un mensaje personal, pretenden marcar un espacio con una firma. Este es un trabajo de decoración, una ilustración hecha en gran medida con espray. Hay que entender que existen interpretaciones artísticas en la calle que integran arte en las paredes, no destruyen», advierte. Y lo dice con conocimiento de causa: «Yo vengo del grafito. Me inicié de crío y nunca tuve problemas. Pero llega una edad en la que te replanteas lo que haces y buscas otra alternativa». De hecho, tampoco ellos están a salvo de que les rubriquen los murales: «Si alguien quiere pintar o pegar un cartel, no podemos evitarlo. Todo lo que está en la calle corre ese riesgo. Debería existir un respeto. Conocemos a la mayoría de los grafiteros, pero depende de la educación de cada uno», explica Leo. Lamentablemente, una cara de una de las columnas cuenta ya con una mancha: «Parece como si le hubieran escupido, o tirado una cerveza», observa Miguel con resignación.
Leo viene del mundo de la ilustración pura y dura, el diseño y la rotulación. No solo de murales vive el hombre: «El abanico de lo que ofrecemos es muy amplio», insiste. A la hora de trabajar, la eficiencia prima sobre la equidad: «Nos repartimos las tareas según nuestras habilidades. Lo realista lo hace Miguel en la mitad de tiempo que yo, y si hay que trabajar con un vinilo, yo tengo más experiencia. Hay que ser prácticos», puntualiza.
Formaron el estudio Alavista hace dos años, pero son viejos conocidos: «Coincidimos en la escuela Pablo Picasso, y después tomamos derroteros distintos. Yo terminé trabajando en Extremadura, limpiando un almacén de frutas. Me replanteé mi futuro, y volví», recuerda Miguel. Leo trabajaba entonces en una empresa de diseño gráfico en la que terminó recalando Miguel: «Ahí retomamos la relación, y hasta ahora».
Preguntados sobre qué pared les gustaría pintar en A Coruña, Miguel no duda ni un segundo: «Me gustaría meterle mano al muro de la Domus. Ojalá nos lo permitiesen». Leo, sin embargo, tiene otra preferencia: «Tenemos una deuda con la escuela Pablo Picasso. Estaba reventada, la limpiaron y volvieron a hacerle pintadas. Así que propusimos hacer un ejercicio entre los alumnos y decorarla, pero no cuajó. Ya caerá», vaticina con sorna.