El arquitecto Fermín Blanco y el fotógrafo Álex del Río iniciaron hace dos meses un proyecto para documentar la vida en el poblado de Penamoa antes y después de su desmantelamiento. El objetivo que se plantean es analizar los problemas que surgen en un ámbito que carece del más mínimo urbanismo y que, sin los servicios básicos comunes, lo único sólido que queda es la familia.
Fermín Blanco indica que el trabajo lo comenzaron de una forma un tanto abrupta, ya que llegaron al poblado justo cuando la polémica por los desalojos «estaba más caliente». Superada la fase de desconfianza, comenzaron a recoger testimonios y fotografías de la gente. Tras estos dos primeros meses de trabajo de campo, Blanco adelanta una de las conclusiones más claras de su análisis: que Penamoa es, en realidad, una aglomeración de familias, pero sin red alguna que las una. «Los vecinos de Penamoa, por ejemplo, no podrían manifestarse, porque no hay nada que los una, ni siquiera la droga. Solo están unidos por sus condiciones de vida, por su marginalidad». Dice también que Penamoa es un poblado sin ancianos: «Allí nadie envejece. No hay gente de 80 años, sino que la mayoría aparenta más edad de la que tiene. Es un poblado lleno de vida, en el sentido de que abundan los críos. Las mujeres son madres muy jóvenes y el grueso de la población tiene entre 30 y 45 años».
Los críos son, precisamente, los que «más pagan el pato por esa ausencia de urbanismo y equipamiento». De hecho, según indica Fermín Blanco, al no haber lugares para la relación social (ni centros cívicos, ni bares, ni tiendas...), las reuniones se hacen dentro de las chabolas (siempre limitadas entre familias) y los niños encuentran su área de recreo dentro de la infravivienda. Los testimonios de algunas madres reflejan las dificultades que tienen para educar a sus hijos y alguna hasta confiesan que dormía a su hijo en cuanto llegaba del colegio para evitar que saliera a la calle y así hacerlo más casero.
Los chabolistas saben y reconocen que viven en un «ambiente de enfermedad» e incluso los niños se avergüenzan de ello. En las entrevistas con los más pequeños, recuerda Blanco, la mayoría dicen que lo que más ilusión les haría de vivir en un piso sería poder invitar a sus compañeros del colegio a casa. Ni locos los invitarían a su chabola en Penamoa. Allí no hay posibilidad de hacer vida urbana por la delincuencia y, según los testimonios que recogen Blanco y Álex del Río, ninguno de sus habitantes quiere seguir allí.
El trabajo de documentación lo continuarán ahora con una nueva fase, registrando con fotografías y vídeo las actividades didácticas que se realizarán en el centro cívico convivencial que construye el Ayuntamiento (diseñado por Santiago Cirugeda). Además, harán un seguimiento del derribo de las chabolas. El resultado de todo este trabajo, lo más probable, es que se recoja en una publicación municipal.