Los restos del abogado y diputado republicano serán repatriados para que descansen en el cementerio de Fiunchedo
22 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Más tarde que temprano, las grandes figuras del galleguismo y del republicanismo acaban volviendo a su tierra. Ahora le toca el turno a Ramón Suárez Picallo, diputado por A Coruña en la primera legislatura de la Segunda República (1931-1933) y en la tercera iniciada en 1936, miembro, junto con Castelao, Villaverde y Antón Alonso Ríos del Consello de Galiza en el exilio, que funcionó como representante de la legalidad republicana derrotada por el bando franquista en la Guerra Civil.
Constituida el pasado año una comisión formada por vecinos de Sada, se declaró este año de 2008 como el de los hermanos Suárez Picallo, con publicación de varios libros, una exposición itinerante, unas jornadas con diversas conferencias, la elaboración de un deuvedé en Argentina, con entrevistas a personas que le conocieron y, finalmente, la traída después del verano de sus restos mortales desde Buenos Aires al cementerio sadense de Fiunchedo, tal y como era el deseo en vida del político republicano.
Todo había comenzado en marzo de 1965 cuando el intelectual y artista Isaac Díaz Pardo escribió en A Nosa Terra un artículo titulado Picallo quería que o enterrasen no Fiunchedo. Después de recordar como le había conocido en Santiago durante la República, Isaac terminaba pidiendo la colocación de una placa conmemorativa en su casa de Beloi, cerca de Sada, que dijese: «O 4 de novembro naceu nesta casa o bo e xeneroso Ramón Suárez Picallo, emigrante, xornalista, abogado, político, quen amou a Galiza e ó seu pobo labrego e mariñeiro e morreu de saudade en Bos Aires o 14 de outubro do 1964, soñando con que algún día o levaran a enterrar ó Fiunchedo». Al final, la placa no pudo colocarse, pues el régimen franquista solo toleraba la memoria histórica de los suyos y no de los galleguistas y republicanos.
Derecho
Suárez Picallo, aparte su vertiente política, fue un personaje tremendamente dinámico y, cercano a los 40 años de edad, hizo la carrera de Derecho en Santiago, al mismo tiempo que dirigía A Nosa Terra y escribía en Claridad , de Santiago; en Vanguardia Gallega , de Lugo, así como en diarios madrileños (El Sol) y catalanes (La Humanidad).
Durante la campaña del referendo del estatuto de autonomía de junio de 1936, dio 170 mítines en las cuatro provincias gallegas. Pasó la contienda bélica en zona republicana, junto con Castelao, González López, Basilio Álvarez y otros diputados. Colaboró desde Barcelona en la edición de Nova Galiza , subtitulado Boletín quincenal de los escritores galegos antifascistas y en el que se daba cuenta de la cruenta represión que se estaba practicando en la retaguardia de su tierra. En esta represión se incluía a su hermano Juan Antonio, que había sido vicepresidente del Partido Galleguista en Sada y que con 29 años fue asesinado por las brigadas represoras, apareciendo su cadáver el 12 de agosto en el monte de Abeleiras, en la parroquia de Veigue.
Su hermano escribió una desgarradora carta a Eduardo Blanco Amor, en la que le decía: «Hoy te escribo con el alma deshecha, al tener la confirmación del asesinato de mi hermano Antón. Nuestro Antón, mi gran camarada, mi gran auxiliar, mi mejor amigo, mi inolvidable animador, fue asesinado a culatazos. Apareció con todas las costillas rotas y la cabeza deshecha».