«Traer al Coliseo un partido de la NBA sería uno de los sueños de mi vida»

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Desde hace dos años, este licenciado?en INEF y ex entrenador de baloncesto dirige y gestiona los destinos del Coliseo

24 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Javier Becerra Aunque conviva constantemente los músicos y los escenarios al frente el Coliseo, en Javier Rodríguez no se da el típico perfil de fan adolescente pirrado por el rock. «Asistía esporádicamente a conciertos, pero no era mi actividad prioritaria -confiesa-. Además, lo que me interesaba era bastante diferente a las cosas con las que me tengo que enfrentar». Menciona a la Orquesta Sinfónica, «un privilegio, que todavía me gusta disfrutar habitualmente».

Actualmente, desde el puesto de director, puede observar como muchos adolescentes tienen su primer contacto con la música en vivo. Del suyo ha pasado ya mucho tiempo: «Fue en la plaza de toros de Vitoria, mi ciudad natal -recuerda-. Tenía unos doce años y tocaban varios grupos. Entre ellos estaba Olé Olé con su vocalista anterior, Vicky Larraz, y también Luz Casal. Recuerdo a mis hermanos cuidando de mí para que llegase sano y salvo a casa».

Los antecedentes de Rodríguez se encuentra en el deporte. Licenciado en INEF, siempre ha estado ligado al Ayuntamiento y llegó a entrenar el club de baloncesto Básquet Coruña. Esa percepción desde el deporte, aparte de inundar todas sus apreciaciones, le ha ayudado a llevar su actual cargo con tranquilidad: «El nivel de estrés de la competición deportiva es mucho mayor y más exigente a lo que hago ahora, cuando se lleva a acabo un espectáculo. Lo más incómodo quizá sean las negociaciones de meses a atrás».

Rodríguez hace hincapié en la palabra espectáculo. También en el concepto de ocio. Con ello pretende potenciar las posibilidades del Coliseo, más allá de lo musical. «Hay que diversificar las actividades. La música es fundamental, pero no debe ser lo único que guíe al recinto», explica. De hecho, cuando se le pregunta por ese evento soñado, se aleja de los pentagramas: «Aparte de cosas imposibles, como U2 o grupos así, a mí, por ejemplo, me gustaría traer al Circo del Sol. El año pasado nos acercamos mucho y no se pudo hacer». Pero el deseo verdadero es otro: «Traer al Coliseo un partido de la NBA sería uno de los sueños de mi vida. A ser posible con Pau Gasol».

¿Y un concierto Bob Dylan, centro de la polémica de la semana con las declaraciones de Henrique Tello y Carlos González-Garcés? El responsable del Coliseo le quita hierro al asunto: «Evidentemente, son cosas que hay que dejar pasar. Unos años tenemos a unos artistas que cuadran y otras veces no cuadran. Las apuestas están echadas y la ciudad ha visto pasar a muchos artistas ya, como es el caso de Dylan. No creo que sea algo que ahora mismo nos deba ocupar».

Voladura de la cubierta

En marzo del 2006 la cubierta curva del recinto saltó por los aires debido a un fortísimo temporal. «Fue el peor trago del tiempo que llevo aquí- afirma Rodríguez-. Peligró la integridad física de las personas, palabras mayores. Además de ello, obligó a detener la programación del recinto tres meses y, luego, convivir con las obras». En contraste, los buenos momentos se agolpan a la hora de escoger uno: «Me quedo con el último concierto de Joaquín Sabina. Por muchos motivos: los artistas, el planteamiento del concierto, la afinidad con las personas, el público heterogéneo».

Pese a todo, la responsabilidad no casa bien con el placer y es difícil centrarse en lo que artísticamente ocurre sobre un escenario. «Si uno quiere disfrutar de un espectáculo es bueno que no esté trabajando -recomienda-. Santi Cuadrado, del Multiusos del Sar, me dice a veces que viene aquí a ver los conciertos para poderlos disfrutar y a mí me pasa lo mismo. Sucedió con Alejandro Sanz, que los tuvimos los dos».

El Coliseo comparte ahora espacio en la agenda cultural y de ocio de la ciudad con otros recintos como Expocoruña, el Teatro Colón o el Rosalía de Castro. ¿La competencia incentiva? Rodríguez lo ve desde otro punto de vista: «La oferta se complementa nunca compite, lo tenemos muy claro. Genera quizá la necesidad de ser más afinado en la programación. Hay muchos recintos, y los espectáculos de deben adecuar a las capacidades e infraestructuras. Que las fundaciones den pasos en esa dirección es fantástico, pero difícilmente se puede subir ya más en oferta en una ciudad con escasos 300. 000 habitantes».