Vertidos al mar, paneles sin información y caminos y esculturas en mal estado se suceden en el entorno de la Torre, la zona que el Icomos examinará tras el verano
20 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Mientras los políticos se hacen una foto delante de la torre día sí día no, el entorno del faro milenario, que queda fuera de los focos, deja muchísimo que desear. En el horizonte se dibuja la visita a A Coruña de un inspector del Icomos (organismo asesor de la Unesco en materia de patrimonio cultural), prevista para septiembre u octubre de este año. No vendrá de paseo. Será el que evalúe in situ el faro y su entorno, y después eleve a la Unesco un informe, decisivo para que el símbolo de la ciudad sea declarado patrimonio mundial. El Ayuntamiento tiene previsto adecentar la zona a través de la Escuela Taller, pero los plazos de la actuación se desconocen. El tiempo corre en contra.
Anticipándose a la visita del inspector, el ex concejal nacionalista Manuel Monge ha realizado un estudio sociológico en la torre de Hércules y su entorno. Monge invita a un paseo por la zona, que se inicia delante de la ciudad deportiva de A Torre, donde una chatarrería, un taller de automóviles y un almacén de construcción forman un núcleo industrial que afea la vista. El gobierno local anunció en octubre que esperaba tener resuelta la expropiación de esos terrenos para esta primavera, pero dicha actuación todavía no se ha producido.
Al inicio de la bajada hacia Adormideras hay un solar atravesado por un muro. Es de propiedad municipal. Habilitar un mirador en esa zona quedaría la mar de bien. Es una posibilidad, pero serviría cualquier otra que ocultase ese feísmo.
Si el inspector pregunta de quién es la Sirena situada junto al muelle de carga de Adormideras, le dirán que de María Jesús Urgoiti. Pero no lo podrá leer en ninguna placa. La misma carencia sufren otras piezas del parque escultórico de A Torre (como el menhir de Ramón Miranda o el Ara Solis de Silveiro Rivas). Otras obras, como el Combate entre Hércules y Gerión (de Xosé Espona y Tim Behrens) o la Caracola (de Moncho Amigo) presentan un estado de conservación deficiente.
Monge también lamenta que en la inmensa mayoría de las plazas y señalizaciones, tanto de áreas como de esculturas, se incumpla la ley de normalización lingüística.
En otros paneles no hay información. Son los del entorno de las playas de Adormideras. Los restos de cola que hay en las estructuras de madera indican que, en algún tiempo, la hubo.
La deficiente conservación también afecta al monumento a los fusilados en el campo da Rata (uno de los poemas escritos sobre piedra no se lee) y a la Casa de las Palabras, antiguo cementerio moro, que tiene una fuente que no funciona y está rodeado por caminos de tierra intransitables. Peor es el panorama en la llamada playa de las Rocas: una escalera de madera conduce a una zona de rocas desiguales, lo que dificulta el acceso, y una tubería roja vierte al mar un líquido de procedencia desconocida. Un poco más allá, los miradores de madera de punta Herminia están afeados por absurdas pintadas.