Pasó el agobio. Una vez que Renfe abrió de nuevo el tráfico ferroviario entre las estaciones de San Cristóbal y Uxes, ésta última ha vuelto a la soledad. Este apeadero ha pasado de tener dos únicos usuarios a tres mil en un solo día.
Ayer, sólo sus dos viajeros diarios pasaron por su apeadero. Los trenes volvieron a pasar de largo por el apeadero, dejando únicamente el rastro de sus bocinas. Igual que desde hace veinte años, cuando la estación dejó de ser tan utilizada.
El reto fue superado con éxito. No en vano, esta estación fue concebida en 1943 para dar servicio a decenas de personas, cuando la comunicación por carretera entre esta parroquia de Arteixo y A Coruña era prácticamente nula. Cuentan los que han vivido aquellos años que no existía una triste corredoira entre Uxes y Culleredo. Y el camino que conducía a A Coruña era una ruina, sin posibilidad alguna de que pasara un autobús. Por eso la estación de Uxes fue lo que fue, uno de las más utilizadas de la comarca.
Fue tan necesaria su construcción tras la guerra, que el mismísimo Franco acudió a inaugurarla. Manuel Piñeiro, que tenía ocho años cuando se produjo aquella visita del entonces Jefe del Estado -que fue la única que hizo en su vida al lugar-, recuerda que todo el pueblo acudió a la estación a recibir al dictador: «La seguridad de Franco había llevado la visita con gran hermetismo, de ahí que no se comunicara el día y la hora de su llegada hasta que ésta se produjo».
Franco viajaba desde Zamora con destino a A Coruña. Descendió del convoy en Uxes minutos después de que la Guardia Civil se encargara de ir casa a casa avisando de su llegada. Cuando el dictador puso sus pies en el andén, la multitud lo aclamó. Luego, «nadie quiso dejar pasar la oportunidad para pedirle pan blanco, algo que en la posguerra no había».
Hoy, el edificio en piedra de esta vieja estación acoge un restaurante llamado vagonetas. Abrió hace mes y medio. Antes de su apertura, el lugar parecía una estación fantasma.