«En las oenegés está la prueba de que hay mucho joven sano y comprometido»

A CORUÑA

La presidenta de la Congregación de los Dolores valora la generosidad social en vísperas de una nueva Semana Santa

01 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Si no la única, Fina Rivas es una de las contadas mujeres presidentas de cofradía. «Es un signo de democracia», reflexiona. En su caso, dirige en una junta mayoritariamente femenina la Congregación de Dolores, con mucho orgullo y más devoción y lo hace en su estado jubiloso, como ella misma describe: «Cuando me jubilé, pensé: ahora que me pagan por no trabajar, tengo que trabajar en algo por lo que no me paguen, y decidí colaborar».

A menos de un mes de la Semana Santa, vive días apurados en la iglesia de San Nicolás, casa de la Dolorosa, bajo cuyo manto un colectivo crecido (cerca de 700) desarrolla durante todo el año otras actividades, sobre todo caritativas. De acendrada fe, su visión del cristianismo es generosa: «La historia de Jesús está ahí -dice-; hay mucha gente que no siendo de iglesia, se acercan al que lo necesita y ayuda, hacen la misma labor de un cristiano practicante. Todos somos hijos de Dios, unos sabemos que lo tenemos y otros, todavía lo ignoran, pero todo el que se acerca a echar una mano a otro, sigue los mismos valores», zanja.

Nació en Ferrol y se crió en Valencia hasta los 11 años, cuando a su padre, militar de profesión, lo destinaron a A Coruña. Ya de muy joven, Josefina Rivas comenzó a dar muestras de no ser mujer al uso. No le gustan los coches, pero tuvo bici y moto, fue scout, y cree que las lanchas motoras meten prisa al mar sobre el que ella practicó el remo. Y, a pesar de los tiempos, «siempre pagué a medias, nunca me pareció normal que tuviese que invitar siempre el hombre», explica. Eran años en que las señoritas no podían entrar al bar «si no era acompañadas por el padre de alguna de nosotras o por un amigo ya más mayor», cuenta quien desafío aquello de lo de la mujer en casa, estudió en la Escuela de Estudios Mercantiles, después hizo Artes Aplicadas, Decoración, Fotografía y ya en los 70, al tiempo que daba clases en el colegio Eirís y atendía en Tabernas la academia de idiomas y arte Idart, se sacó la titulación de Medicina Natural por la Universidad de California. Entonces, homeopatía no era una palabra muy corriente y «las mujeres estaban volcadas en el hogar, no tenían tantos horizontes».

«Los cambios cuestan, van muy despacio», reflexiona ahora cuando se le plantea el inmovilismo eclesial. «El Evangelio siempre está al día, ayer, hoy y dentro de cien años; pero la iglesia es cosa de hombres... A lo mejor, ponemos freno cuando no habría que tocarlo y acelerar. Creo que la iglesia tiene que cambiar en algunas cosas, aunque es difícil... Cuando los curas se quitaron la sotana, fue un escándalo», recuerda antes de apostar por «arriesgarse a exponerse a las críticas y tirar hacia delante... sobre todo con respecto a la juventud».

Sobre los de menos edad, Josefina Rivas tampoco se queda callada y reparte responsabilidades. Tres décadas en la enseñanza le han bastado para comprobar que la suya fue una profesión «muy grata en la época en que me tocó». Aunque los últimos años ya echó de menos el entusiasmo de las primeras promociones, las ganas de hacer y participar. «Ahora van obligados, todo tiene que entrarles por la vista, no sé si por la costumbre de la tele, les falta iniciativa, se les educa un poco para sí, no se estimula su creatividad, ni su imaginación, se les da demasiado y todo hecho... y el ambiente es de falta de respeto, de generosidad...».

Pero pese a esa merma de la disposición, y a considerar que «hoy se critica mucho pero no se es crítico, no se enseña a reflexionar», Josefina se proclama una firme defensora de la juventud: «Creo en los jóvenes, lo que sucede es que los que no alborotan no se ven. ¿Quién forma si no las oenegés? Son la prueba de que hay mucho joven sano y comprometido», apunta.

A ellos se dirige la presidenta de la Cofradía del Espíritu Santo y la Virgen de los Dolores para pedir ayuda: «Hay bastante que hacer, necesitamos gente con vitalidad para hacer cosas como visitar a las personas mayores que viven solas».