Último día. Es un local con alma. De esos que hoy en día escasean. Al fondo el billar, la cocina pequeñita, los techos altos, y en las paredes camisetas enmarcadas y dedicadas de Bebeto , Mauro Silva o Donato , todas de la época de la publicidad de Feiraco. El bar Visantoña, en el número 62 de la calle Gaiteira, cierra esta noche sus puertas para siempre. «Llevo muchas horas aquí, unas 14 diarias desde 1970, que cogimos el negocio. Ahora tengo 67 años y quiero disfrutar lo que hasta ahora no pude», explica el propietario, Faustino Penas Mosquera , natural de Visantoña, en el concello de Santiso, no confundir con el pueblo del mismo nombre de Mesía. «Le pedimos una prórroga de una año y nos da lo mismo que suba el café un euro, pero nada», se lamenta uno de los habituales mientras juega la partida de cartas. Sí, porque el cierre del bar es una mala noticia para un barrio que poco a poco va perdiendo sus locales de siempre y para la peña deportivista, que se queda sin sede social. «Tenemos que buscar otro bajo y que sea amplio, porque tenemos centenares de recuerdos y cuadros, hasta de Amancio y Veloso », apunta Carlos Souto , presidente de la peña. Raxo y melgacho con emoción. Antes de 1970 el Visantoña se llamaba Temprano y, aunque es difícil saberlo con exactitud, el pasado hostelero del bajo se remonta a 1945. Ahí tienen a Faustino con su esposa, Josefa Salgado García ; su hija, Norma Penas Salgado , y su cuñada Ascensión . «Es toda una vida», dice Josefa mientras los ojos se le ponen vidriosos de la emoción, «hablar con la gente, meterme con algunos, aunque sin faltar...», acierta a comentar muy emocionada esta experta en tapas de raxo y melgacho que recuerda con lágrimas en los ojos a clientes que ya no están. «Esta gente-señala a los dueños- merecen la pena», sentencia otro de los habituales. Antes de marcharme repaso con la mirada cada rincón del bar para guardarlos en mi memoria y saludo a Antonio Peña Rubinos , el primer trasplantado de corazón de Galicia, que, con permiso de Juffé, apura un café en la barra, uno de los últimos que preparará Faustino, el de Visantoña. «Hoy, a los clientes habituales, los invitamos a la consumición con motivo de la despedida, pero no vamos a hacer fiesta», dice el veterano hostelero.
Es el que celebra desde hace tres años el instituto Eusebio da Guarda, que dirige María José Martínez Girón con la ayuda de Isabel Ruso . Se trata de un certamen literario en el que tienen cabida relatos cortos y poesías y que lleva el nombre de una recordada alumna del centro, Rita Suárez Amado, que falleció en lo mejor de la vida y que afrontó la enfermedad con una gran entereza. Quiero agradecer a la dirección del centro educativo el hecho de que hubiesen pensado en mí como jurado del concurso, aunque finalmente no pude ejercer como tal por no disponer del tiempo suficiente. Ayer fue la entrega de premios y los ganadores en las distintas categorías fueron Ángela Méndez Míguez, Alicia Úbeda Suárez, Lucía Mouzo Murujosa, Alejandro Roura Blanco, Alejandro Rodríguez Vázquez, Noelia Martínez Rey, Noemí Petronacci Tomé y Rocío Leira Castro . Obtuvieron accésits Hugo Gómez-Chao Porta, Sara Mera Silvent, Jesús Manuel Varela Fariña, Alexander Mercader Yardley, Lino Carballo Dávila, Óscar Souto Rodríguez y Arancha Rodríguez Fernández .
Sus títulos son Vida de artista y Concierto de amor vivo y ambos fueron presentados ayer por su autor, Amancio Prada , en El Corte Inglés. El primero, en un llamativo formato de libro-disco, sirve para homenajear al cantautor francés Léo Ferré , uno de los grandes compositores de canciones del citado país junto con Jacques Brel o Georges Brassens . El segundo cedé fue grabado en la iglesia de los Jerónimos de Madrid en el verano del 2005 durante uno de los recitales que el artista leonés ofreció con recreaciones de los poemas de San Juan de la Cruz que también le había traído hasta A Coruña.