Una tradición japonesa

La Voz

A CORUÑA

26 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La actividad que pusieron en práctica los pequeños de O Mosteirón procede de una tradición japonesa. Según una leyenda del país del sol naciente, a aquel que consiga hacer mil grullas de origami (así llaman los nipones al arte de la papiroflexia), se le concederá un deseo, y será un ave de esa especie la encargada de comunicárselo.

Los japoneses solían pedir una larga vida o recuperarse de enfermedades, pero desde 1955 se relaciona más con la paz. Ese año, la niña Sadako Sasaki, enferma de leucemia a causa de la explosión de la bomba atómica en Hiroshima diez años antes, comenzó a hacer grullas de papel por su recuperación, pero también por el final de las guerras en el mundo, ya que su mal se debía, precisamente, a las consecuencias de un enfrentamiento bélico.

Durante el tiempo que estuvo hospitalizada, Sadako se dedicó a confeccionar grullas incluso con etiquetas de medicamentos, pero murió antes de completar las mil. Sus compañeros de clase terminaron el trabajo por ella. En Hiroshima se levantó en 1958 una estatua de la niña con una grulla, que se convirtió en un símbolo pacifista en todo el mundo.