13 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.
En la ciudad en la que vivió Picasso de niño hay un grupo de jóvenes que le han cogido gusto al pincel. La moda se ha extendido a la comarca. Potenciales artistas nos regalan su arte e intentan que este perdure en las fachadas de inmuebles históricos. Pasarán cien años y ninguno de ellos saldrá en los catálogos de pintura. ¿Para cuándo un catálogo de los papás de los vándalos?