La Fnac alberga hasta el día 30 una exposición con 45 originales del humorista gráfico argentino Liniers
08 ene 2008 . Actualizado a las 13:23 h.Una niña permanece tumbada sobre la hierba, soplando las esporas de los dientes de león que hay a su alcance. De súbito, se incorpora y exclama satisfecha: «Otro sábado bien usado». Esto es lo que sucede en una de las tiras cómicas que definen el mundo Macanudo del dibujante argentino Liniers y cuyos originales pueden verse hasta el día 30 de este mes en la Fnac de la plaza de Lugo.
El bonaerense de 1973 Ricardo Liniers Siri aparcó su carrera de publicista para arriesgar su talento en un trabajo que, aunque a priori parecía menos lucrativo, consiguió encumbrarle como el humorista gráfico más relevante de los últimos años en Argentina, alcanzando en poco tiempo la popularidad de compatriotas suyos como el inmortal Quino -padre de Mafalda-,?o de Maitena, quien en un principio hizo de madrina del propio Liniers.
Desde que esta convenciese a la dirección del diario La Nación hace cinco años para que cediese parte del espacio disponible en su última página a este, en aquel entonces, desconocido dibujante, un universo poblado por pingüinos parlanchines, robots de buen corazón y duendes de sombreros picudos se fue gestando entre la dura actualidad reflejada por este diario argentino. Se trata del mundo de Macanudo, la tira cómica diaria que aquí en España ha sido recopilada y editada por Mondadori -por ahora hay dos volúmenes publicados, aunque en su tierra de origen van ya por el quinto-.
Liniers se salta lo esperado, el chascarrillo dependiente del día a día, para recrear ambientes oníricos que transportan al lector a un estado mental que se transita cada vez menos a medida que los años van pasando y la capacidad de asombro va disminuyendo. Un oasis entre la información en el que pararse a catalogar los días según tengan un cielo expresionista o no, o en el que descubrir cómo se produce un eclipse de sombrero.
A medio camino entre el cinismo de Sartre y los lacónicos análisis de la vida que hace el Charlie Brown de Schulz, Liniers crea a través de sus viñetas y sus personajes?-como esa Mafalda posmoderna que es la niña Enriqueta y su gato Fellini, o ese trágico mártir existencialista que es la aceituna Oliverio- una sensación de complicidad entre aquellos que lo cogen, que saben de qué habla el autor. Eso sí, al resto, el humor de este argentino les podrá parecer una auténtica boludez.