Los imitadores franceses de Drake

Carlos Fernández

A CORUÑA

06 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Resulta curioso que dos de los grandes ataques que sufrió A Coruña por mar, los de 1589 y 1639, llevados a cabo por ingleses y franceses, respectivamente, terminasen de la misma forma, con una retirada que sellaba el fracaso en el intento de asalto a la ciudad.

Mientras que el de 1589, de Drake y Norris, con la posterior actuación de María Pita, ha sido objeto de numerosos trabajos y exposiciones, no sucede lo mismo con el de 1639, del que, además, los historiadores, como Vicetto y Fernández Duro, cometen bastantes errores.

Y menos mal que el catedrático Soraluce Blond, en un importante trabajo publicado en 1976 en la revista del Instituto José Cornide, titulado Una nueva versión del ataque francés a La Coruña en 1639 , clarifica muchos de esos errores, contando con el texto del ingeniero Satans y Tapia, testigo privilegiado del ataque.

El ataque al puerto coruñés respondió a la estrategia de Luis XIII de Francia y de su consejero el poderoso cardenal Richelieu de llevar el conflicto armado a la España de Felipe IV (a quien se había declarado la guerra en 1635). Encomendada la misión al príncipe Condé, este atravesó el Bidasoa y puso cerco a Fuenterrabía el primero de julio de 1638, al mismo tiempo que una escuadra, al mando del arzobispo de Burdeos, Henri de Sourdis, bloqueaba la plaza por mar, pero acabó fracasando. Entonces fue cuando se planeó el ataque a otro puerto del norte, que fue A Coruña.

El capitán general de la región gallega, Francisco González de Andía, estaba advertido de la llegada de los franceses por un correo procedente de Ribadeo. Dispuso entonces la defensa, para la que contaba con unos 9.000 hombres, incluido el elemento civil. Cerró la bahía con árboles de navío atados con gruesas maromas, formando una barrera entre los castillos de San Antón y San Diego. En el puerto estaban las escuadras de Dunkerque, al mando del almirante Miguel de Orna, y la del Reino de Galicia, de quien era general Andrés de Castro y el almirante Freyxon.

Técnicas cartaginesas

La escuadra de Sourdis utilizaba un arma que, después de siglos de su invención (por los cartagineses en las guerras púnicas), parecía haber caído en desuso. Se trataba de los brulotes , pequeñas embarcaciones a las que se prendía fuego y utilizándolas a favor de viento se lanzaban contra el costado de los buques enemigos, causando en estos un considerable daño.

Los franceses llegaron el 9 de junio de 1639, con 37 navíos, entre las escuadras de Bretaña, Guayana y Normandía. Los días 8 y 10 no hubo hostilidades y al día siguiente se entabló fuego cruzado entre los castillos de San Antón, San Diego y Santa Cruz, disuadiendo a los franceses de adentrarse en la bahía para intentar el desembarco. El 12 se produjo el combate naval propiamente dicho, al salir de puerto Miguel de Horma con cuatro fragatas, perdiendo los franceses tres pequeños galeones y ocho brulotes , además de averías de consideración en varios navíos. Los días 13 y 14 contemplaron el repliegue de los atacantes a la entrada de la ría, entre la Marola y punta Herminia, y el 15, ante las malas perspectivas que ofrecía el ataque, optaron, con buen criterio, por emprender la retirada, contando, además, con viento favorable y la oscuridad de la noche.