El Tren de la Alegría llenó de ilusión y regalos a los viajeros

La Voz

A CORUÑA

No cabía un alfiler, pero sobraba ilusión. La caravana mágica que cada año forma el Tren de la Alegría que organiza Radio Voz cumplió un año más con su cita y transportó a casi un millar de viajeros entre la coruñesa estación de San Cristóbal y el parque de Pablo Iglesias de Betanzos. Hasta el tiempo se solidarizó con la iniciativa benéfica, pensada para recoger juguetes que Cruz Roja distribuirá hoy y mañana entre los niños más necesitados de toda la provincia coruñesa con la colaboración de la empresa de mensajería Tabellarius. Y es que un juguete, ni bélico, ni sexista -y en buen estado, por supuesto-, era el único salvoconducto para subir al tren en San Cristóbal. Hasta mil quinientos juguetes fue el botín donado por los coruñeses más solidarios. En la estación de tren, desde primera hora de la mañana se daban cita pequeños y mayores para subirse al vagón asignado. Globos, gorras y linternas componían el atrezzo de un viaje que, para muchos, era una especie de ruta iniciática, pues constituía su primer desplazamiento sobre raíles. Los juegos organizados por los voluntarios de Cruz Roja en cada vagón amenizaron la escasa media hora del trayecto, salpicada además con jaleados apagones de luces y miradas de sorpresa de todos los viajeros. En Betanzos, el parque de Pablo Iglesias se convirtió en un gigantesco salón de dibujo para participar en la octava edición del premio, en este caso promovido por Reni. Copioso desayuno Los niños, divididos por edades, apuraban los bollos de Ipasa y los zumos y refrescos de Schweppes, y las chocolatinas y dulces de Distribuciones Camba mientras daban forma a sus dibujos. Unos juegos, música y el sorteo de un buen número de regalos cedidos por Cimáns Sport Center completaron una mañana diferente, pero ya convertida en cita ineludible de las fiestas navideñas para los niños de la comarca. Antes del mediodía, el tren, patrocinado por Caixa Galicia, Renfe, Fenosa y el Ayuntamiento coruñés, ponía rumbo de nuevo a la ciudad coruñesa. A las dos, la expedición ponía pie a tierra y los participantes se despedían con un «a ver cuándo repetimos» que permite augurar un éxito seguro para la edición del próximo año.