El nuevo Botero de A Coruña

Maruja Campoviejo redac@lavoz.es

A CORUÑA

Once años. «Eres un crac». Fue el comentario de sus compañeros de clase cuando se enteraron de que había sido el ganador del concurso para escoger el dibujo que aparecerá en las tarjetas de felicitación de Navidad de su colegio. Alejandro Villa lo recuerda con una voz grave que no parece reflejar sus años, ni los once que, según explica, cumple este mes.

Finalmente, la postal elegida entre más de 300 fue la del niño colombiano que recuerda que el año pasado también quería haberse presentado al concurso pero extravió el dibujo. Sus profesores destacan la buena integración de un crío que llegó a la ciudad en unas condiciones un tanto azarosas: venía con su madre, que no tenía ningún trabajo, por lo que entró en un programa de Cruz Roja para que una familia lo acogiera durante un tiempo. Acogida. La familia decidió enviar al niño al colegio Peñarredonda cuyo director, Juan Domenech , afirma sentirse «encantado». Tanto él como otros profesores del centro tienen palabras de elogio para Alejandro, al que califican de muy buen estudiante, además de ser muy responsable para su edad. Ahora, vive ya con su madre.

Este no ha sido el único cambio, según cuenta él mismo, muy serio y con una timidez casi visible, ya que si al principio era el fútbol el ocupaba un lugar destacado en sus actividades de tiempo libre («jugaba de punta») ahora es el dibujo el que prima por encima de todo, aunque en ello no parece tener influencia su paisano Fernando Botero , dibujante, escultor y pintor del que puede verse una muestra de su arte en el guerrero de la Domus. Hom Alejandro Villa parece dispuesto a seguir los pasos de su paisano, si bien por el momento se conforma con ganar concursos de dibujo, un arte del que aporta un dato curioso: «Dice mi padre que aprendí solo».

Este año las setas son un bien escaso. Ha llovido poco y apenas hay. Pero en A Estación de Cambre no renuncian a su sabor y les llegan incluso de Japón. «La mercancía es de la zona de Lugo, tenemos un proveedor de León y alguna también viene de Barcelona», explica Beatriz Sotelo Sequeiros , cocinera y propietaria del restaurante junto con Juan Manuel Crujeiras . En función de la disponibilidad del producto, el local ofrece un elaborado menú degustación con todo tipo de variedades, hasta las denominadas trompetas de la muerte. Dicen los que lo han probado que es como una explosión de sabores. Ahí va: vieira asada, juliana de verduras e infusión de cogumelos; canelón de faisán y cantarela moura, salsa de asado y trufa; lomo de robaliza, matacandís y mejillones en escabeche emulsionado; lechón confitado y crocanti y callos de cantarelo. Y todo ello, bañado con vinos del mundo.

Tan sorprendente resulta el postre, que ofrece no solo los quesos gallegos con dulces a base de cogumelos, como un membrillo, sino también un helado de cantarela amarilla, chocolate gianduja, aceite de oliva virgen arbosana y crocanti de naranja. «Está teniendo bastante éxito», confirma Beatriz. De hecho, alguno de los platos quedará incorporado ya a la carta.

Es la propuesta de Nito da Vila , que expone hasta mitad de enero en la librería Queixume. Además de un par de óleos grandes, una figura y un paisaje holandés, muestra una veintena de cuadros de pequeño formato. «Son bodegones, vegetales, hojas sueltas... casi arte japonés, muy minimalista», explica el artista sobre la selección de obras que conviven con los libros. Pueden verlos con tan solo acercarse a la Sagrada Familia en horario comercial.

Se lo tributaron sus compañeros y alumnos en La Torre de Lorbé a María Asunción López Rodríguez , Maruchy, por su jubilación. Fue profesora de música del Mosteirón de Sada, y en 1975 fundó el grupo Orff Joss Wuytack. Desde entonces, han ofrecido conciertos didácticos en distintas entidades hasta llegar a actuar con la Banda Municipal en el Rosalía y, en 1995, con la Orquesta Sinfónica de Galicia en el Coliseo.