El presidente vino, vio y se marchó sin anunciar ninguna obra, pero regalando elogios a la ciudad y a los coruñeses
20 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.A las doce menos diez, Javier Losada esperaba al pie de la torre de Hércules. Sin gabardina, pero con un paraguas negro en la mano, se protegía del orvallo que adornaba la tibia mañana coruñesa. «No sabíamos qué hacer, si pedir sol o lluvia, y como el presidente dice que nos hace falta agua, pues hemos puesto este día», bromeaba Losada. El presidente al que esperaba era al autonómico, Emilio Pérez Touriño, que llegaba para testimoniar su compromiso con el faro romano.
No tuvo que esperar mucho Losada. Pérez Touriño solo se retrasó seis minutos. Chaqueta azul, camisa blanca y corbata moteada, el presidente autonómico cumplimentó en tiempo récord -apenas un cuarto de hora- su paseo por el entorno de la Torre.
Muletas
Luego, Losada y Touriño se convirtieron en inseparables. Compartieron el coche oficial del presidente de la Xunta y acudieron a la Fábrica de Tabacos. Allí les esperaban buena parte de los concejales socialistas y hasta cuatro ediles de la oposición, encabezados por su portavoz, Carlos Negreira. «Tenemos nuestras diferencias en el Parlamento, pero las relaciones son buenas y una visita institucional no debe ser motivo de confrontación», contaba Negreira apoyado en la muleta que le sirve de apoyo a causa de unas calcificaciones en el talón derecho.
Agenda
Con una agenda tan apretada y el cielo amenazando lluvia, Tabacos fue una parada casi fugaz. José González-Cebrián Tello, el arquitecto, tuvo tiempo de explicar algunos de los pormenores de una obra que todos los presentes calificaron de emblemática.
La comitiva oficial, ya multiplicada, puso rumbo a María Pita para la recepción oficial y posterior almuerzo. Más de 150 personas -entre las que ya sí estaban cinco de los seis concejales del BNG, ausentes en el resto de las visitas- esperaban a los representantes políticos.
Los invitados consultaban su ubicación en cada uno de los tres salones -rojo, azul y morado- en el que se distribuían las más de veinte mesas habilitadas para degustar un frugal menú a base de crema de calabaza con cigala y mejillones y una merluza al vapor con crema de limón y asado de verduritas. Para beber, albariño y tinto de la Ribeira Sacra.
Mesa presidencial
Las mesas tenían nombres relacionados con la historia de la ciudad: Concepción Arenal, Curros Enríquez, Torre de Hércules, Alfonso IX, Emilia Pardo Bazán, Wenceslao Fernández Flórez... La presidencial era la bautizada con el nombre de María Pita, donde tomaron asiento el alcalde, el presidente de la Xunta, el presidente y editor de La Voz de Galicia, Santiago Rey Fernández-Latorre; el delegado del Gobierno, Manuel Ameijeiras; el presidente de la Diputación, Salvador Fernández Moreda; el presidente de la Real Academia Galega, Xosé Ramón Barreiro; el rector de la Universidade da Coruña, José María Barja, y Fernando González Laxe, ex presidente de la Xunta durante el tripartito. En sus discursos, tanto Losada como Touriño dedicaron sendas menciones a Santiago Rey Fernández-Latorre, hijo predilecto de la ciudad.
Pocos minutos antes de las cinco de la tarde, cinco horas después de entrar por el paseo marítimo en el corazón de la ciudad, el coche oficial de Emilio Pérez Touriño ponía rumbo a Monte Pío con una ristra de promesas, buenas palabras y elogios de la ciudad, pero ningún nuevo compromiso concretado.