Las exposiciones de Picasso, Man Ray y Gargallo permiten reconstruir la relación de estas tres figuras de la pintura, la fotografía y la escultura en la capital francesa
26 oct 2007 . Actualizado a las 12:47 h.Pablo Picasso pinta a Man Ray. El fotógrafo norteamericano retrata a Kiki de Montparnasse, modelo y amante de artistas en el París de entreguerras. La imagen tomada por Ray cuelga de decenas de farolas de las calles y avenidas de la ciudad, un rostro níveo, con los ojos cerrados, que contrasta con una máscara negra en primer plano. Al otro lado de los jardines, en otra máscara que lleva el nombre de la veinteañera Kiki, Pablo Gargallo sorprende por su capacidad para esculpir el vacío, para mostrar en unos rasgos cóncavos de bronce la belleza de un rostro. ¿Esto es París en los bohemios años 20? No, es A Coruña en este otoño del 2007. Y es que la fotografía de Man Ray en la Fundación Caixa Galicia, la pintura de Pablo Picasso en la Fundación Barrié y la escultura de Pablo Gargallo en el Kiosco Alfonso reúnen de nuevo en la ciudad a tres grandes artistas que habían compartido vivencias durante años, en la capital francesa, a lo largo del primer tercio del siglo pasado.
Entre los elementos que ahora vuelven a vincularlos está la foto de Man Ray en la que se puede ver el dibujo que del fotógrafo hizo Pablo Picasso; la pintura hecha a tinta era el pago por un álbum de fotografías en el que aparecían las obras precubistas del artista malagueño y que Ray había hecho poco después de su llegada a París, en el mes de julio de 1921.
Pintada, retratada, esculpida
Eran los años veinte y en muchas de las fotografías de Man Ray de esa época aparecen sus amantes, especialmente Kiki de Montparnasse, con la que vivió seis años y de quien son «algunas de las más imaginativas y sensuales» imágenes del artista, según escribe John P. Jacob en el catálogo de la exposición de la Fundación Caixa Galicia. Esta mujer, cuyo verdadero nombre era Alice Prin y había nacido en 1901, sería más tarde modelo de Pablo Picasso, entre otros artistas, y aunque nunca llegó a posar para él, Pablo Gargallo «le consagró una de sus obras más paradigmáticas, esta máscara cóncava para fundir en bronce (primera y única de toda su producción) en la que aplica con insuperable maestría y asombrosa eficacia muchos de sus novísimos hallazgos expresivos», cuenta Rafael Ordóñez Fernández, comisario de la exposición del artista aragonés en el Kiosco Alfonso.
También relata Ordóñez que se conserva el dibujo a tinta que Gargallo hizo de Kiki, «que la representa de cuerpo entero, paseando por la calle y luciendo su inconfundible peinado a lo garçon», definición que se enriquece con la imagen que figura en la exposición de Man Ray, un retrato que data de 1923 y en el que aparece una mujer de mirada inquisidora, sentada, con sombrero y que inicialmente no quería posar para fotógrafo, aunque luego acabó viajando con él a Estados Unidos para conocer a sus padres.
Pablo Gargallo es autor asimismo de una máscara de Pablo Picasso, al que Man Ray retrató en compañía de Yvone Zervos y otra mujer desconocida, además de aparecer en uno de los dibujos del fotógrafo, con una mujer desnuda y sin manos porque Ray había confesado sus dificultades para pintar esta parte del cuerpo y por ello a veces pedía a sus modelos que las ocultaran también para las fotos.
A finales de 1903, cuenta John Richardson en el primer tomo de su elogiada biografía de Pablo Picasso, durante su estancia en Barcelona, el pintor «subarrendó un estudio en el número 28 del Carrer del Commerç a un joven estudiante de escultura, Pablo Gargallo, que había sido premiado con una beca de la Llotja para ir a estudiar a París».
Gargallo acabaría formando parte de los tres o cuatro artistas catalanes que se movían entre París y Barcelona, que formaban parte del círculo de amigos de Picasso y que protagonizaron más de una sonada juerga. Ahora, se han vuelto a reunir en A Coruña, con tres muestras de su mejor arte y a muy escasos metros unos de otros.