El cirujano de las guerras

R. García

A CORUÑA

Una exposición recuerda a Gómez Ulla, que fue médico desde el conflicto con Marruecos hasta el de Rusia

23 oct 2007 . Actualizado a las 12:43 h.

«Este era mi tío, ahí detrás estoy yo y este era mi padre». José María Gómez Ulla, a sus 94 años y sin gafas, señala, y lee el texto, de una de las decenas de fotografías que estos días pueden verse en la Real Academia de Medicina y Cirugía (Durán Loriga, 10-2º). A quien muestra es a Mariano Gómez Ulla (Santiago de Compostela, 1877-Madrid, 1945) al que califica como el mejor cirujano español del siglo pasado. Carro Otero es el comisario de esta exposición.

José María relata desde el nacimiento de su tío, hasta su muerte, tras la cual «recibimos 2.300 telegramas y se contestaron todos, además de las conferencias telefónicas». También va detallando las guerras en las que trabajó como médico. Y es que Gómez Ulla estuvo en los conflictos de España con Marruecos en los años 1909, 1921 y 1925, además de «la Gran Guerra» (dice su sobrino refiriéndose a la de 1914», la guerra civil española y el 21 de enero de 1942 viajó al frente ruso.

Comerse una bandera

En pocos minutos, José María va desgranando la vida de un médico que apostó por «acercar el hospital a los heridos de guerra y logró que el 60% se salvara, que en aquellos momentos era una cifra altísima». Recuerda las vicisitudes vividas al comenzar la guerra española, cuando fue detenido y encarcelado en Barcelona. Describe con gran viveza cómo antes le habían engañado haciéndole creer que le iban a pasar al llamado «bando nacional». Tras su detención, «llevaba una pequeña bandera de España en el bolsillo y durante el trayecto la metió en la boca y se la comió; siempre recordaba lo laborioso que es comerse una bandera».

Otro aspecto que destaca, además de las numerosas condecoraciones recibidas, es el de los viajes no sólo a Francia o Alemania, sino a Estados Unidos y Cuba.

Otro recuerdo: Azaña le llamó para anunciarle que iba a retirar de los hospitales a las hermanas de la caridad; Gómez Ulla le indicó que era un error y eso le costaría caro al Gobierno porque estas monjas cobraban poco. Ante la pregunta de Azaña de qué querían las monjas el médico respondió: «Cincuenta céntimos al mes y un trocito de cielo».