El tranvía a Sada combinaba el transporte con la aventura. La comodidad no era de sus virtudes, pues las largas esperas eran habituales en los cruces de San Pedro y Fonteculler. Resultaban muy peligrosas las cuestas de Oza, A Tapia, Osedo y Oleiros, y los conductores temían especialmente las hojas que caían de los árboles: se incrustaban en la vía y formaban una masa que dificultaba el frenado, maniobra para la que la máquina necesitaba 20 metros. Los clientes que se colgaban de los laterales para no pagar tenían su cruz en un poste en Fonteculler, pues, al ir de espaldas, no lo veían, y muchos se mataron contra él.
Y, además, estaban los incidentes y accidentes. En mayo de 1934, los tranviarios no secundaron una huelga general y el coche 54 fue quemado en San Pedro, se dijo que por «radicales de izquierdas». No hubo víctimas, pero el vehículo dejó prestar servicio varios años, hasta que fue reconstruido. El 30 noviembre de 1942, en San Pedro de Nós, se produjo un choque entre coches 50, 52 y 54 que ocasionó varios heridos.
Buses y troles
En 1925, tres años después de la apertura de la línea, empezó a operar un servicio de buses entre A Coruña y Sada siguiendo el itinerario del tranvía. Era ilegal, pues su funcionamiento no estaba regulado por ley. Tranvías protestó, pero siguió circulando hasta que desapareció tras la guerra.
El 20 de noviembre de 1956, los buses sustituyeron al tranvía en el trayecto Sada-los Castros. Ya en 1957, el trole empezó a recorrer el tramo la Palloza-los Castros.