Hay conciertos para rato. Aunque las fiestas de María Pita tocan a su fin y la Orquesta Sinfónica de la Galicia ya tocó en María Pita, todavía se pueden escuchar recitales mientras se pasea por vías como la calle Real. Decenas de músicos invaden los meses de verano el centro de la ciudad, no para exhibir su talento como los chicos del coro de Víctor Pablo, sino para buscarse la vida. «Toco sólo para poder pagarme la seguridad social, la residencia», asegura Víctor Pablo. Así de rotunda es la declaración de este invidente boliviano que después de perder su trabajo en Santiago de Chile el año pasado, decidió venirse a Coruña, donde de momento «no me va muy bien», asegura. Todas las tardes la música mexicana de su acordeón suena en algún lugar de la calle, ya que confiesa que no siempre se coloca en el mismo sitio, sino «donde me siento orientado».
Los ritmos mexicanos se mezclan con los timbales de Juan, bautizado como El fenómeno de San Nicolás. Este salmantino vive desde hace seis años en la calle porque dice «es una experiencia». «En La Coruña no hay cultura de percusión, a la gente le molesto», reconoce. «En dos horas puedo ganar veinte euros, por eso algún día me puedo permitir el dormir en una pensión», añade.
En frente de la iglesia de San Nicolás, Fernando, un coruñés de Monte Alto, colega de El fenómeno. «Al principio tocaba en la calle cuando estaba mal de pelas, pero con el tiempo empecé a trabajar menos y a tocar más», comenta. Versiona temas de Aute y Serrat por los bares de Coruña. «Empecé en el bar de los Ron, pero alguna vez toqué en el Faluya, Bathory o Área ?Crítica del Orzán».
Al llegar a la calle de la Franja los ritmos se vuelven eléctricos. Segundo Cruz, quién dice haber compartido escenario en alguna ocasión con María Jiménez, se mueve entre el jazz y el blues con su guitarra eléctrica. Y es que los alrededores de la calle Real pueden ser la plataforma para dar el salto al estrellato porque este coruñés admite «que vendí seis mil copias del último de mis cuatro discos, que se titula Street Alone». Este coruñés empezó a tocar la guitarra con apenas diez años, tan sólo seis después comenzó sus estudios de solfeo. «Millonario no me voy a hacer pero vivo», dice Segundo.