En un humilde taller. Con un sencillo y coloquial «hola, Manolo», saludó la infanta Elena a Manuel Lauda Arcay en el pequeño taller de este veterano cesteiro, uno de los últimos que mantienen la tradición, en el lugar de Castro, al lado de Betanzos. «Alteza, seguro que usted esperaba encontrar una fábrica en condiciones, pero esto es lo que hay», le comentó el artesano. «Para nada, estoy encantada», contestó la duquesa de Lugo. La sorprendente visita, que se prolongó por espacio de más de una hora, se produjo la semana pasada coincidiendo con la estancia de la hija de los Reyes en A Coruña para participar en un concurso hípico. ¿Y cómo se enteró doña Elena de que en un humilde taller betanceiro se elaboran cestas? Seguro que ustedes se harán la misma pregunta.
En casa de Ortega. Manuel descubre la conexión entre Zarzuela y Betanzos. «Yo me crié en Anceis, Cambre, y mi casa familiar está enfrente del pazo de Amancio Ortega, donde se aloja la infanta cuando viene», relata el cesteiro, que continúa atando mimbres sueltos. «La duquesa le compra frutas y verduras a mi hermana, que tiene unos invernaderos, y lo que más llamó la atención de doña Elena fue, precisamente, la cesta en la que llevaba la fruta», apunta. Gloria Lauda, la hermana, le desveló a la infanta el origen de la artesanal pieza y le sugirió la visita al taller. Minutos después, el cesteiro recibió una llamada. «Mañana te va una clienta especial, la duquesa de Lugo, la infanta Elena», comunicó Gloria a su sorprendido hermano. «Hasta que al día siguiente la vi aparecer, pensaba que era una broma», afirma Manuel, de 84 bien llevados años.
Muchas preguntas. La infanta no compró nada, pero «se interesó por todo, me cosió a preguntas», recuerda Manuel, que mostró a su ilustre visitante un libro de 1930 sobre productos apícolas en el que se destaca la afición por el mundo de las abejas del bisabuelo de la esposa de Marichalar. Ahí tienen a Lauda, primo segundo del piloto Niki Lauda, dando los últimos retoques a una de esas cestas de las que se encaprichó la infanta Elena.
Merienda taurina. El Barceló Coruña de Matogrande es el hotel de la feria coruñesa que esta tarde arranca en el Coliseo y con tal motivo celebran las I Jornadas Gastronómicas Taurinas. «Es un menú degustación eminentemente andaluz y torero, que además incluye la tradicional merienda para todo aquel que presente en el restaurante su entrada para los toros», explica el director, José Ramón Álvarez-Cervela. Ayer tuve la oportunidad de probar los distintos platos que forman parte de esta sugerente y cuidada propuesta. Enrique Vázquez Lameiro, el jefe de cocina, preparó gazpacho con pipas de girasol, molleja de ternera glaseada con trigueros, chipirones a la parrilla con ajoblanco, rabo de toro con puré de melocotón asado y arena de cardamomo, sorbete de manzana y manzanilla y, por si acaso alguien se queda con hambre, torrijas, crema de arroz y helado de canela. De vuelta al ruedo. Me llamó la atención, y me parece una idea genial, la forma de presentación del rabo, con forma de ídem, y los vinos escogidos para maridar, fino La Ina y un crianza de Rioja. Un almuerzo magnífico, y que resultó de lo más agradable, al que asistió el gerente del consorcio de Turismo, Moisés Jorge Naranjo, y el recién elegido presidente de la asociación de hoteleros, Francisco Canabal.
Recepción en María Pita. Los niños saharauis acogidos por familias coruñesas se reencontraron ayer en el palacio municipal. Acudieron a la cita con el alcalde, Javier Losada, apenas un tercio de los participantes en el programa, pero el regidor coruñés expuso la iniciativa como ejemplo de política integradora. «Quiero que los vecinos vean que aportar 200.000 euros que se invierten fuera del término municipal es la manera que las ciudades modernas y avanzadas tenemos de colaborar con los países en desarrollo», dijo en presencia de los niños y la concejala de Servicios Sociales, Silvia Longueira.