La localidad de la comarca de As Mariñas se proyecta con el eslogan «paraíso entre ríos» Iglesias medievales, sepulcros únicos y esculturas prerromanas conviven junto a pequeñas playas escondidas, ríos de ensueño y frondosos bosques
30 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.J. B. ?l Concello de Paderne apenas cuenta con 3.000 habitantes englobados en nueve parroquias: Adragonte, Obre, Paderne, Quintás, Souto, Velouzás, Vigo, Vilamourel y Viñás. Todas ellas mantienen un apacible equilibrio entre arte, arqueología, comercio, paisaje y respeto por el medio ambiente. Ubicado en la comarca de Betanzos, su historia se remonta a la Edad Media donde los señores de Andrade dominaban la zona. De hecho, en el escudo municipal aparece un jabalí que alude a ese linaje. Rastreando las nueve poblaciones, se puede hallar un importante patrimonio artístico y arqueológico de obligada visita por cualquiera que se acerque a la zona. En primer lugar, son de necesaria mención las iglesias, entre las que se encuentran edificaciones románicas como la iglesia de San Andrés de Obre (del siglo XII y XIII, pero con una reforma de 1854 que apenas deja ver su construcción original) o San Panteón das Viñas (siglo XII). También aparecen templos de otros estilos como el barroco de Santiago de Adragonte (del siglo XIX). Otro de los aspectos artísticos en lo que destaca Paderne es en el terreno de los cruceiros, con un amplio muestrario de ellos, como el Cruceiro de A Picota o el de Adragonte (ambos erigidos en el siglo XVIII). Justo en la parte trasera de esta iglesia parroquial donde figura el mencionado cruceiro, se haya un monumento de gran importancia, el sepulcro antropoide de Santiago de Adragonte, datado del siglo XII y considerado una pieza única y de gran importancia dentro del patrimonio gallego. De especial relevancia cabe calificar al Ídolo Fálico, una escultura prerromana y antropomorfa de carácter fálico. Tallada en granito, fue hallado en una iglesia de Paderne en 1964 y actualmente permanece expuesto en el museo Arqueológico de A Coruña. Mide unos 61 centímetros y sostiene algo similar a un báculo, cubierto por una túnica por casi todo el cuerpo. Pero el valor histórico de Paderne no se termina aquí, ya que una de las rutas de peregrinación del Camino de Santiago atraviesa Paderne. El rastro también es perceptible en el escudo municipal, donde aparecen varias conchas de vieiras que aluden a dichas rutas . Se trata del Camino Inglés, el que une Ferrol y Santiago y cuyo trazado ocupa 5,5 kilómetros de longitud. Arranca en Ponte do Porco, el puente que cruza la antigua N-651, y por su recorrido el caminante se podrá encontrar con la plaza de Fernando Sueiro, que cuenta espectaculares vistas de la Ría del Pedrido. Poco después, se traviesa la el lavadero de Lambre y la fuente de O Pichón, un tramo pavimentado que lleva a la iglesia de San Pantaleón das Viñas. Cabe resaltar por último también la fuente de Gas, construida en el siglo XIX para refresco de los peregrinos, que es la más antigua y está considerada como la más hermosa del camino. Paisajes Pero quizá de todas las existentes, la estampa más clásica del municipio de Paderne la ofrezcan sus dos ríos. Cesar Logo, el alcalde explica su visión de ese idílico encuadre natural: «El paraíso entre ríos es un objetivo, estamos entre dos ríos como el paraíso como el Tigris y el Éufrates, y nosotros entre el Lambre y el Mandeo». El contacto con el agua del municipio no se queda en los dos ríos, sino que Paderne también está bañado por el mar. Dos son las playas que pueden visitar los vecinos y visitantes, la de la Xurela y Abeleira. La primera es una pequeña cala localizada en la parroquia de Viñas y se caracteriza por su tranquilidad y por ser muy abrigada. Desde ella se divisan Sada, la playa pequeña de Miño y la entrada de la ría de Ferrol. A la de Abeleira, por su lado, se llega siguiendo el río Lambre que desemboca en ella y se accede por Ponte de Porco. Cuando hay marea baja, que une con la de la Xurela, creando un paseo muy concurrido por quienes acuden a ellas. Junto a las playas numerosas plazas, parques y bosques completan completan los encantos naturales de un pequeño municipio.