CRÍTICA MUSICAL | O |
18 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.tituló el argentino Campana su obra, ganadora del premio Andrés Gaos en el 2005. Tiempo que sigue siendo de desencuentro, o al menos eso es lo que parece, si hay que juzgar la reacción del público, aquí y ahora, entre los compositores, después de 1945, y el público receptor de una música que algunos juzgan incomprensible, demasiado cerebral, concebida para buscar la aprobación de los colegas, o quizá el juicio de la historia, más allá de los gustos de los oyentes de hoy. Hay investigadores que ya se han lanzado a proponer algunas tesis que atribuyen nada menos que a la CIA, y los sucesivos gobiernos norteamericanos, la imposición de la música que salió de los laboratorios de Darmstadt, después de la Segunda Guerra, como la única «música culta» posible para, de ese modo, logrando romper la histórica vinculación entre los compositores y los aficionados de su tiempo, atraer a los jóvenes, poco interesados en unas composiciones con las que no conectaban, hacia la nueva causa del rock y del pop norteamericano; impuestos de ese modo como la auténtica y genuina música desde la posguerra. Habría mucho que hilar ahí, pero como punto de partida la idea parece interesante. Al menos parte de un hecho innegable: la escasa comunicación, en general, entre los compositores más próximos a nosotros en el tiempo y los asistentes a los conciertos. Ha vuelto a comprobarse ahora con Lutoslawski ( Música fúnebre para orquesta de cuerdas ) y Campana: interpretaciones de altura, indiferencia en la sala que se traduce en fríos aplausos de cortesía y comentarios negativos. En cambio, entusiasmo desbordado con Dvorák ( Te Deum ) y grandes aplausos para César Franck ( Rédemption ), dos asimilados. Magnífico trabajo de Álvaro Albiach, que junto a Pérez Sierra y Pablo González forman el trío del relevo en la dirección orquestal española, y soberbia prestación de los coros, tanto el de la Comunidad de Madrid como el de la Sinfónica, junto a unos más que correctos solistas, cuando tuvieron ocasión de cantar. Palacio de la Ópera. OSG. Obras de Lutoslawski, Campana, Franck y Dvorák. Director: Álvaro Albiach.