La casa de la infamia

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

ÓSCAR PARÍS

Historias de A Coruña | Las consecuencias de la Guerra Civil Las autoridades franquistas se incautaron, el 18 de julio del año 1936, de la vivienda que Santiago Casares Quiroga tenía en la calle Panaderas

13 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Jamás se vio un caso tan grande de odio y persecución a un político y a su familia, como la que hizo el franquismo con Casares Quiroga, dijo el ex diputado republicano Alfredo Somoza, al conocer la muerte en el exilio del que fue presidente del Gobierno el 18 de julio de 1936. Una de las pruebas más fehacientes de ello fue lo ocurrido con su casa de Panaderas, hoy felizmente restaurada por el Ayuntamiento coruñés tras largo y abnegado trabajo. La vivienda fue incautada por las nuevas autoridades tras el golpe del 18 de julio y entregada más tarde, en 1938, por la Comisión de Incautación de Bienes de la provincia coruñesa a la Cruz Roja. El bajo lo alquiló la institución a una droguería, que pagaba 157 pesetas mensuales. No se trataba de una cesión definitiva del edificio sino que, por el contrario, la Cruz Roja se hallaba en precario. El Tribunal Provincial de Responsabilidades Políticas dictó, en 1941, el fallo por el que el inmueble se adjudicaba al Estado y éste podía disponer con total libertad de su destino. Fue entonces cuando el presidente local de la Cruz Roja, general Feijoo, solicitó al Gobierno la cesión gratuita de la casa, a condición de que se sirviesen practicando los servicios benéficos allí instalados, con la obligación de cederla al Estado cuando cesasen los mismos. Pasaron los años y el 14 de marzo del 51 la Dirección General de Propiedades, según la documentación que me facilitó el concejal Iglesias Mato, comunicó a la delegación de Hacienda de A Coruña que tenía en estudio el expediente de venta de dicha finca número 12 de la calle Panaderas. Ésta se hallaba gravada con una hipoteca a favor del Banco Hipotecario, hecha por Casares en 1935, por un total de 40.000 pesetas, adeudándose en primero de julio de 1949, por primas de amortización, interés y gastos 49.467,40 pesetas. Habiéndose celebrado, con carácter negativo, las dos primeras subastas, se anunció la extraordinaria por el 20 por ciento de la tasación, deducido el importe de la carga hipotecaria. Se realizaron algunas ofertas de compra que excedían de dicho 20 por ciento, cifrándose las más altas en 55.000 pesetas. Ello lo notificó Hacienda a la Cruz Roja, por si ésta deseaba ejercer el derecho de tanteo en el plazo de 30 días. El entonces presidente local, general Feijoo, era partidario de que se devolviese el inmueble a la familia Casares y así se lo manifestó en una carta al secretario general de la Cruz Roja, en Madrid, Luis Valero. Al no ejercer la Cruz Roja derecho de tanteo, se celebró subasta pública ese mismo año de 1951, siendo adjudicado el edificio a José Sánchez Alonso, domiciliado en Madrid. La hija de Casares, Esther, que continuaba retenida, con su hija en A Coruña, acusada del «terrible» delito de ser hija de su padre, formuló recurso contra la adjudicación de la vivienda, a cuya subasta ella se había presentado y pujado con la cantidad más alta, a pesar de lo cual no se le adjudicó. La Cruz Roja, ya con un alquiler mensual de 1.500 pesetas, se mantuvo allí hasta 1980, en que se instaló en un edificio nuevo del polígono de Zalaeta. Hay que añadir que a principios de los años setenta se segregaron de la propiedad 220 metros cuadrados, los correspondientes al extremo norte de la huerta, donde se construyó un edificio de diez viviendas con entrada por la calle San Roque. La finca original de los Casares tenía 470 metros cuadrados. Un final feliz Finalmente, en la década de los 80, la casa fue comprada al doctor Sánchez Alonso por el promotor inmobiliario coruñés Francisco Castro, al que se la adquirió el Ayuntamiento coruñés para, tras ofrecérsela, por elemental sentido ético, a María Esther Varela Casares nieta del político, instalar una casa-museo en honor a Casares Quiroga y al republicanismo, encargando el proyecto de rehabilitación al arquitecto Felipe Peña. En toda la operación final para terminar con esta infamia perpetrada por el franquismo hay que destacar la decisiva y pertinaz actuación del alcalde Francisco Vázquez y de la concejalía de Cultura del Ayuntamiento.