Barrio a Barrio | Los Mallos Las mañanas llenan de actividad las habitualmente tranquilas calles de este barrio en el que los vecinos reclaman más zonas verdes y pisos más asequibles
10 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.El origen del barrio de los Mallos está íntimamente ligado a la estación de San Cristóbal, inaugurada en 1943. Aunque no sería hasta la década de los 50 cuando comenzó la zona, tradicionalmente conocida como Parromeira, a crecer incesantemente, tanto en extensión como en población, hasta la actualidad, que cuenta con 35.000 habitantes y un sinfín de comercios. Y es que lo que nació como un barrio obrero se transformó con el paso de los años en una zona eminentemente comercial. «Aquí tienes de todo. Sea lo que sea que puedas necesitar, en cuatro calles lo encuentras», afirma Pilar Balsa Fernández, vecina desde hace 23 años, los mismos que hace que regenta la cafetería Suso. Una mallesa de toda la vida que lo seguirá siendo: «No me iría a vivir a ningún otro sitio. Puede que sea por costumbre, pero creo que aquí puede decirse que se vive bien». El secreto de esta fidelidad al barrio lo encuentra, desde el otro lado de la barra, en la «alegría» de la gente: «Los vecinos son extraordinarios. Nos conocemos todos, incluso los nuevos, los de los juzgados, que ya se han convertido en clientes habituales del bar por las mañanas». Ese ha sido uno de los revulsivos que más han hecho crecer al barrio: los nuevos juzgados y Audiencia Provincial. Las mañanas en los Mallos son un incesante ir y venir de vehículos y personas, las cafeterías se llenan de funcionarios, abogados y los clientes de estos. De hecho, muchos aseguran que el número de pleitos que se han arreglado en los bares de la zona, antes de entrar en la sala, con un café como mediador, son innumerables. «Las costumbres han cambiado, pero la alegría permanece en las calles -cuenta la propietaria del bar Suso, en la esquina de la calle Alcalde Asúnsolo-. Hace 20 años las pandillas bajaban por la noche y llenaban los bares, y ahora se llenan por las mañanas». El crecimiento del barrio ha mermado en cierto modo ese espíritu de camaradería del que los veteranos del lugar hablan. Es el caso de Isolina Pena Mosquera, que tras 30 años viviendo y trabajando en los Mallos, recuerda con cierta nostalgia tiempos en los que «llegaba la Navidad y todo el mundo pasaba a saludarte y felicitarte por el comercio. Era como una inmensa familia. Ahora somos demasiados». Así habla desde su mercería, frente a la Audiencia, en la que se afana en coser una casulla: «Es un encargo para un cura», aclara. Negocios familiares De cualquier manera, la familia sigue marcando el carácter de los Mallos, junto a los pequeños y longevos comercios. De hecho, pocos barrios de A Coruña pueden presumir de seguir manteniendo semejante número de negocios con medio siglo de antigüedad. En la calle Ángel Serna hay un colmado que actualmente regenta Conchi Cabada. Pero fue su madre quien fundó esta casa que lleva ya 46 años despachando pan a los vecinos de la zona: «Vine aquí con 19 años, mi marido era maquinista de tren, y no había casi casas; y ahora ya ves», recuerda la veterana tendera. Conchi tiene dos hijos -una de seis y otro de dos años- y reconoce que el barrio podría mejorarse: «Los establecimientos como el nuestro sufren frente a las grandes superficies, como en todos lados. Y tenemos pocas zonas verdes, aunque ahora han abierto el parque de Vioño». Aun así, continúa viviendo en la misma zona en la que nació hace 36 años: «Los servicios son muy buenos, con las estaciones de bus y tren tan cerca, y las comunicaciones son inmejorables, ya que en un minuto estás en la salida de la ciudad y en otro en el centro». Precisamente la calle de Ángel Serna, uno de los principales núcleos del barrio, llena de paseantes cada tarde, genera cierta polémica respecto a su peatonalización, ya que los comerciantes afirman que les ha podido afectar negativamente en cuanto a ventas y algunos vecinos sostienen que los coches siguen pasando y aparcando en ella. Esta es, junto al precio de la vivienda -«demasiado alto para los jóvenes, por eso se van a las afueras»- una de las principales reivindicaciones de los vecinos. Por su parte, para Eduardo Souto, presidente de la asociación vecinal de esta zona, lo más importante sería «que los políticos cumplan lo que prometen, porque la mayor parte de nuestras reivindicaciones tienen más de diez años». Arreglar el barrio de la Sagrada Familia, mejorar las aceras, potenciar la estación intermodal y realizar el realojo de los vecinos del Agra dos Mallos -«que actualmente viven en situaciones infrahumanas»- son las principales reivindicaciones de Souto, que solicita «que se le preste a esta zona la misma atención que al centro de la ciudad».