Brillante sesión «wagneriana»

CÉSAR WONENBURGER

A CORUÑA

CRÍTICA MUSICAL | O |

19 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

BELLÍSIMO programa wagneriano, para el que no se dudó en convocar a uno de los grandes representantes de este repertorio en los 80 y 90, el bajo-barítono John Tomlinson. Dado el evidente interés de la cita, mucha gente que hubiese querido asistir se quedó sin poder hacerlo por no tener entrada, y sin embargo -ya ha pasado más de una vez- luego se aprecian huecos en el auditorio: algo habrá que hacer para que esa gente que quiere acudir a un concierto, en algunos casos por primera vez, no se encuentre con un coto vedado. El éxito también hay que saber administrarlo: la solución del nuevo gerente, el minibono, puede ser una solución bastante eficaz, siempre que se ofrezcan los programas más atractivos. Tomlinson ha sido un Wotan muy apreciado y un Holandés a tener en cuenta, pese a que su instrumento, más de bajo que de barítono, le impida llegar a alcanzar, por ejemplo, los dramáticos agudos con los que el marino condenado se lamenta amargamente de su trágico destino. El cantante británico, ya veterano, dio muestras de fatiga, anduvo corto por arriba, pero a pesar de su actual estado vocal dejó constancia de el gran intérprete que aún puede ser. Voz noble, oscura, bien timbrada, impresionante potencia y toda la sabiduría del cantante sensible para frasear con elegancia y, de ese modo, expresar los matices y sutilezas contenidos en páginas tan profundas como la despedida de Wotan, con algunos instantes conmovedores. Fue muy aplaudido, sobre todo, en el final del último acto de La Walkiria , donde, por momentos, apareció el magnífico Wotan de la Tetralogía que grabó con Barenboim en Bayreuth, a principios de los 90. Piezas orquestales Víctor Pablo siente comprensible predilección por este repertorio, aunque a veces se muestre más superficial y brillante que intenso o poético, como quedó en evidencia en las piezas exclusivamente orquestales, donde la espesura, el trazo grueso, se impuso al refinamiento. Hubo complicidad entre cantante y director para alcanzar instantes de notable fuerza dramática, y una buena respuesta orquestal. Como nota anecdótica, aparte de la propina del solista (un fragmento de El oro del Rin ), el director se concedió otra, lo que no suele ser habitual: la Cabalgata de las valquirias , muy celebrada por el público, como es natural en página tan conocida. Palacio de la Ópera. Obras de Wagner. OSG. John Tomlinson, bajo-barítono.