CRÍTICA MUSICAL | O |
17 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.VOLVIÓ Carlo Rizzi, un excelente director, muy querido por la orquesta, como pudo apreciarse en las reiteradas aclamaciones de los propios músicos al final de un concierto que unía en un programa sinfónico a dos de los genios absolutos de la historia de la ópera, el austero C.?W. Gluck y el sensual Strauss. En un principio, la idea había sido contrastar las dos partituras de ambos autores inspiradas en Don Juan , pero al final se cambió, y de don Ricardo pudieron escucharse la suite de esa obra maestra, Der Rosenkavalier , y el Heldenleben , un poema sinfónico con truco que supone todo un reto para los oyentes más avezados, que deben esforzarse por ir descifrando las numerosas citas de la propia cosecha del autor, desde las menos conocidas como su Macbeth hasta el Don Quixote . Jugar al Trivial con un hombre del talento de Strauss resulta, en cualquier ocasión, más que un desafío intelectual una delicia para el espíritu. Si hubiese que atender al aplausómetro , a la gente lo que más le gustó fue la suite que realizó Arthur Rodzinski, extrayendo buena parte de la miga del Rosenkavalier , que es mucha y exquisita, a pesar de que puedan echarse de menos los diálogos de ese profundo humanista que fue Hofmannsthal, autor de varios de los libretos de ópera más perfectos de la historia; uno, sin duda, el de esta obra. Escuchando a la Orquesta Sinfónica de Galicia podía soñarse con la programación, algún día -con los debidos ajustes en el foso-, de esta obra. Y ya que Kleiber está muerto y no se le espera más, Carlo Rizzi no parece una mala opción, aunque a veces a su personal lectura le sobrase algo de empuje, de pura pasión mediterránea, y se le echara en falta, en cambio, algo de la típica melancolía vienesa, de refinamiento. En cualquier caso, versión más que estimable, como las de las otras obras escogidas: un Gluck del que el director buscó destacar la pureza de las líneas, con contrastes nítidos y un soberbio control de las dinámicas, y un Heldenleben arrollador, vitalista, equilibrado entre el lirismo y los pasajes más tempestuosos, que tuvo una prestación orquestal de auténtica enjundia. Palacio de la Ópera.