La apertura del centro de salud de Monte Alto permite a los coruñeses ver el hasta ahora oculto interior del cementerio inglés, que sigue siendo territorio británico
10 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.«¡Anda, el cementerio inglés!», comenta una señora a su compañera de espera mientras ambas aguardan turno para el médico de cabecera. Están en la segunda planta del recién inaugurado centro de salud de Monte Alto, y miran hacia al verde campo(santo) que se ve allá abajo. Durante años, este cementerio ha permanecido oculto a los ojos de los coruñeses. Su altísimo muro (incrementado en los años 70 porque los vándalos tiraban objetos desde el exterior) zanjaba toda posibilidad de panorámica, excepto desde algunas viviendas cercanas. Sin embargo, el centro de salud ha venido a satisfacer la curiosidad de los que se preguntaban qué había tras ese solemne portalón de entrada presidido por las palabras «British Cemetery». No hay sorpresa: tumbas entre un césped cortado al uno. Curiosamente, coincidiendo con este renacer del interés por el camposanto anexo al de San Amaro, el último número de la revista de la asociación Faro de Monte Alto incluye un excelente artículo sobre los orígenes del cementerio británico. Lo firma Arturo Abad, que recuerda la llegada a la ciudad, en agosto de 1836, de la fragata de guerra Endymion . A bordo de ella venía el cadáver de un oficial. Las autoridades decidieron enterrarlo a cuarenta varas del cementerio católico, pues los que profesaban una religión contraria a ésta eran considerados herejes. Hasta dos años después de este enterramiento del oficial, el terreno permaneció «abierto, sin ningún tipo de protección», apunta Abad. «El Ayuntamiento incluso advirtió que algunos vecinos de los barrios de Atochas y San Amaro realizaban plantaciones en el propio cementerio. ¡Se llegó a señalar la presencia de perros y cerdos rebuscando en el suelo, con el peligro que ello causaba!», añade Abad. «Posesión pacífica» En 1867, Guillermo Congreve Cutliffe Brackerburry, entonces cónsul británico en Galicia, compró los terrenos donde se levantó el camposanto a doña Manuela Iglesias do Mato. Desde entonces, la parcela es territorio inglés, un Gibraltar coruñés. A sugerencia del Ayuntamiento, el contrato especificaba que los británicos ejercerían «una posesión pacífica y quieta» del cementerio. Las obras concluyeron en 1868. El primero que fue enterrado en estas nuevas condiciones fue, precisamente, el citado cónsul británico. En los años 80, el Ayuntamiento negoció la compra del solar. La operación la frenaron los descendientes de los allí enterrados. No obstante, se cerró un acuerdo de otro tipo. Gran Bretaña cedió la parcela comprendida entre la fachada del cementerio y la calle Orillamar, que era de su propiedad, donde el gobierno local coruñés habilitó un parque. A cambio, el Concello asumió el mantenimiento del camposanto. En 1996, la prensa local denunció la presencia de maleza, setas y hasta jeringuillas en el cementerio inglés. El Ayuntamiento estaba incumpliendo su parte del trato. Varió tras esta queja su actitud de abandono. En la actualidad, el mantenimiento es excelente, como se puede observar desde el centro de salud. Medio centenar Según los datos ofrecidos por sus propietarios, medio centenar de personas fueron enterradas en el cementerio. En su mayoría, se trata de ingleses que residían en la ciudad, marineros y turistas que fallecieron en A Coruña. Además, guardan eterno descanso un cónsul alemán y varios ciudadanos suizos, a los que se les concedió un permiso especial. Hasta los 70, los enterramientos eran habituales. ?En 1982 llegó al camposanto el que, hasta el momento, es su último morador.