Bancos del centro cierran sus cajeros de noche para evitar a los «sin techo»

Fernando Molezún A CORUÑA

A CORUÑA

EDUARDO

La proliferación de vagabundos obliga a los establecimientos a tomar medidas Algunos comercios de la zona han tenido que colocar rejas en sus escaparates

07 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?acar dinero de un cajero automático por la noche, en el centro de la ciudad, es cada vez más difícil. Algunas oficinas de entidades bancarias, como la de La Caixa y la del BBVA situadas en el Cantón Pequeño, han colgado sendos carteles de sus puertas en los que se explica que estos servicios permanecerán cerrados en horario nocturno «por causas ajenas a nuestra voluntad». Estas causas no son otras que el aumento de indigentes que pernoctan en estos habitáculos y escaparates de comercios de la zona. Según indican desde la sucursal de La Caixa, por la noche se encierran con el pestillo habilitado para mayor seguridad de los clientes, por lo que impiden el paso a los mismos; aunque la mera presencia de los mendigos es ya un elemento disuasorio suficiente para los usuarios del cajero. Además, el hedor que queda a la mañana siguiente, después de que los ocasionales inquilinos orinen y defequen in situ, es insoportable, tal y como relatan desde la oficina afectada. Estos dos cajeros tenían una ocupante habitual. Se trata de una mujer bien conocida en la zona que, según cuentan los vecinos, acostumbra a desnudarse y a hacer sus necesidades en la vía pública, sin intentar siquiera ocultarse. En los comercios de San Andrés la conoce todo el mundo. Y es que estos establecimientos padecen también los alojamientos de los sin techo. El escaparate de la zapatería Yolanda solía tener como habitantes nocturnos a un hombre y un perro, por lo que su propietaria decidió instalar una reja que impide el paso fuera del horario comercial. Pero aquellas entradas que albergan portales no pueden, sin embargo, colocar estas barreras. Cartones de vino, colillas, orina y hasta jeringuillas son los restos que se encuentran los comerciantes del centro cada mañana y que tienen que limpiar antes de abrir al público. Aunque también hay quien acepta con resignación esta situación: «Si le miras el lado positivo, puede que incluso te vigilen la tienda», asegura la encargada de un establecimiento de Rúa Nueva.