La elegancia de las coruñesas

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

FOTO BLANCO

Historias de A Coruña | Trabajos editoriales sobre la ciudad La etnógrafa americana Ruth Matilda Anderson visitó la ciudad en 1924 para descubrir a sus gentes, costumbres y modales, y plasmarlo en un libro

11 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

En agosto de 1924 la etnógrafa norteamericana Ruth Matilda Anderson llegó al puerto de Vigo, acompañada de su padre y con un completo equipo fotográfico. Iba a pasar un año en Galicia, del que saldría el libro Pontevedra and La Coruña. Gallegan Provincias of Spain , que publicaría en 1939 en la Nueva York Hispanic Society of America, conteniendo cientos de fotografías. Llegó en busca de tópicos y la realidad la sorprendió de frente. Un vistoso cuadro de Joaquín Sorolla, titulado Galicia , que colgaba de la Hispanic Society, era toda la referencia que Ruth Matilda tenía de la región. Pero nada más desembarcar en el puerto vigués comprobó que la vida diaria no tenía tantos colores como el pintor valenciano en su paleta. En cuanto a su viaje a A Coruña, Anderson y su padre se alojaron en el Palace Hotel, frente al Obelisco, que les pareció muy elegante y con buenas vistas, pues su habitación daba a una galería desde la que se veían los Cantones y los jardines de Méndez Núñez. Pronto los camareros, que suelen ser los mejores informadores de una ciudad, les dijeron que la urbe coruñesa se había hecho famosa por «la elegancia de sus mujeres», recordando la letra de un cuplé, que decía: «El cielo de La Coruña/ está cubierto de azul/ por eso las coruñesas/ tienen la sal de Jesús». En cuanto a las comidas, quedaron sorprendidos por la variedad de los quesos españoles, decidiéndose por el de tetilla. Visitaron las playas de la ciudad y las cercanas para acabar en la torre de Hércules y recordar las leyendas de Gerión, Brigantia, Breogán. En su visita a la Ciudad Vieja, destacaron el palacio gótico del conde de San Román, y se lamentaron de lo poco cuidadas que estaban algunas viejas casas. También dedicaría Matilda unos párrafos a la casa de la condesa de Pardo Bazán, de la que recogió sus definiciones sobre «la vieja Marineda». Quedaron la etnógrafa y su padre, como antes lo hizo Borrow, maravillados por las losas que cubrían la calle Real Además, comprobarían la merecida fama de los coruñeses en su devoción por el paseo: «Los que uno recordaba era el brillante final de la lluvia, las cristaleras de sus galerías brillando, las palmeras elevándose y la gente feliz y elegante, saliendo al sol». Anotará Anderson que los chicos que venden periódicos voceando las noticias utilizaban el silabeo típico de otros países, como Estados Unidos. El que más gracia le hizo era el que gritaba: «La Vooooz de Galiiiicia». Le llamó, también, la atención a la viajera la cantidad de soldados que andaban por las calles de la ciudad, especialmente en las proximidades de Capitanía General y del cuartel de Alfonso XIII. «Los más elegantes -apuntó- son los uniformes de algunos oficiales con chaquetones de cuello de astrakán y cinco pares de botones que sujetan el cierre delantero». No menos elegantes vio Anderson a los policías municipales, con un casco tipo kaiser y unos ademanes muy bizarros (casi todos llevaban bigote tipo mostacho). Hermanas gemelas Después de contemplar una vista de la ciudad desde el monte de Santa Margarita, Anderson dijo que La Coruña le recordaba mucho a Cádiz, llamándolas después «hermanas gemelas». Cita la biblioteca de la Real Academia Galega, donde encontró auténticas maravillas, siendo atendida magníficamente por «un elegante y bello caballero», al que invitarían a comer en el restaurante del Palace Hotel. Una de las cosas que llamó la atención a la viajera yanqui fue el idioma utilizado en Galicia: «Empecé a dudar prudentemente. Como en gallego no existe la J, no la emplean bien y dicen Vijo por Vigo y Gosé por José. Un ejemplo de este fenómeno que llaman 'geada' es el de hijo por higo. La gente popular ama a sus higos y come a sus hijos, lo que seguramente parece  un feroz canibalismo a sus vecinos de la meseta».