Vallan los soportales de un edificio para evitar más actos vandálicos

A CORUÑA

EDUARDO

El inmueble, situado en la calle Varela Silvari, tiene sus paredes llenas de pintadas Una gran reja negra protegerá el acceso al portal, restringido sólo a los residentes

02 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

La falta de protección legal y policial contra los actos vandálicos empiezan a provocar reacciones individuales en el caso de los colectivos más afectados. Valga como ejemplo el caso de un grupo de vecinos residentes en la calle Varela Silvari, en la placita que conecta con la calle Juan XXIII a través de una escalinata. Ayer, dos operarios procedían a la instalación de una gran reja negra destinada a proteger la fachada del edificio de los ataques de los grafiteros, que ya habían hecho de las paredes del inmueble un blanco fácil. Hasta el momento, los vecinos sufrían en silencio las consecuencia de las gamberradas. Las paredes del edificio se llenaban de colorines cada día. Dieron igual los avisos solicitando respeto a la propiedad privada. Incluso la actitud vigilante de algún vecino no bastaba para mantener inmaculada la fachada. «Hemos hecho de todo y ya no podemos más. A nosotros tampoco nos gusta tapar la fachada y tener que abrir dos portales, pero es que estamos hartos de que la gente no respete nada», informaba un vecino que seguía atentamente las obras de instalación de la verja. Y es que, según otros vecinos de Varela Silvari, la pequeña plaza que se abre en la vía se ha convertido en un nido de vándalos. «Todas las noches se reúnen aquí un par de pandillas de jóvenes. Son los mismos que antes se daban cita en la plaza de Millán Astray, pero ahora, con el frío, les viene mejor estar aquí resguardaditos», dice otro residente en la zona mientras señala al voladizo que desde hoy estará sellado. El ruido era el menor de los problemas para los vecinos de Varela Silvari. «Ya es malo no poder dormir y que alteren el derecho al descanso de cualquiera, pero es que, aún encima, nos ocasionan unos gastos económicos cuantiosos», dice el primero de los vecinos consultados por La Voz. Ese mismo portavoz recuerda que la fachada del edificio ahora vallado «servía como refugio cuando llueve, pero, sino, también se utilizaba por parte de unos cuantos como improvisado váter y las huellas y olores de los orines están ahí para corroborarlo». Los propietarios del inmueble hicieron un último esfuerzo hace escasos meses para recuperar el esplendor estético externo en su fachada. Un color crema recubrió la estructura del edificio, pero tal lienzo era una tentación demasiado grande para los grafiteros. Ayer, La Voz pudo comprobar cómo un buen número de metros cuadrados de pared aparecían pintados con toda clase de firmas, leyendas e incluso alguna amenaza. La protección del portal, en cuyos bajos se encuentra la coral polifónica El Eco, es el primer paso para demostrar esa insatisfacción vecinal. «Que les castiguen a limpiar lo que manchan puede ser una solución, pero no la única», avisan los afectados.