Reportaje | Edificios singulares El inmueble que se construye en Cuatro Caminos, al lado de Casa Cuba, tendrá la escultura de un coruñés, Benito Freire
01 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Aún no se ve, pero ya está creciendo dentro de uno de los edificios en obras de Cuatro Caminos. Es una pieza de hierro, teñida de un tono champán, que el artista Benito Freire, ha domado a mano y en frío para la plaza donde se celebran las victorias deportivas, en la calle Alcalde Puga y Parga. «Lo mejor es que me han dejado total libertad y me he podido dejar llevar por el material», relata Benito ante la pieza en el último piso del bloque, desde el que se divisa un metro de mar. Que tenga un algo gaudiniano le deja pensativo unos segundos. Luego arranca: «Es una especie de hiedra de hierro, va a parecerlo. Desde la calle se verá un efecto similar al de una cubierta vegetal, pero de metal», apunta Benito y la arquitecta de la obra recuerda que irá sobre una placa oscura, que a pelo quedaría dentro de los cánones minimalistas. «El edificio se recubrirá de un material que se llama alucobond, que es muy estético, pero también tiene propiedades muy buenas a la hora de aislar, entre otras cosas. La idea era romper un poco con su uniformidad y eso lo harán las esculturas», cuenta Rita Llaudes. Colgada de cada salón Así pues, de la ventana del salón de cada piso colgará una escultura. «Desde dentro también se verá, la idea es que la disfruten los inquilinos», dice Freire. «Y sea parte de la decoración, de los elementos del interior», apunta la arquitecta. Rita y Benito se conocieron cuando la constructora lo contrató a él para hacer los portales más atrevidos de la ciudad, al lado del futuro recinto ferial. «Uno tiene una araña de metal; otro una serpiente... Es genial que te dejen hacer cosas así», insiste encantado este escultor coruñés, de Os Castros. La que firma los planos también se alegra de contar con «las guindas» de Benito. «Le da un toque personal, porque cada pieza está hecha a mano y por eso es distinta, única. Vamos a encargarle los buzones y más cosas», cuenta. Benito lo oye y mira a su escayola, un secuela de la creación, pero en seguida le salen ideas. Excepto uno, todos los pisos -apartamentos de unos 65 metros y con dos habitaciones- tienen ya propietario. «Creo que más por la zona, que por las esculturas», confiesa la arquitecta. «Pois é o que lle vai dar sona», musita, muy orgulloso, uno de los operarios de la obra.