La generación de las «supermamás»

R. Domínguez A CORUÑA

A CORUÑA

FOTOS: CASTRO PARÍS

Necesitan y quieren trabajar. Pero también ser madres. Cinco mujeres cuentan su experiencia y reclaman medidas de conciliación antes y después del parto

18 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

La que los niños más que pan suelen traer muchos deberes bajo el brazo, podrían ser también un derecho. Pero sin trucos, ni doble fondo, ni cargas añadidas. No una carrera con obstáculos a mayores de los propios de criar un hijo. Así lo piensan muchas mujeres que, a fuerza de realidad, aprenden que ser madre es sinónimo de renunciar. Y hacerlo incluso antes de serlo. Las embarazadas lo saben bien. No sólo porque se acaba el tabaco, el café, hay que tener cuidado con los dulces, obligarse a caminar y un largo etcétera de nuevas obligaciones y otras tantas privaciones. Para las que todavía no lo están, o las que áun no lo saben, aunque lo sospechen, lo dicen bien claro: «Todas conocemos casos de chicas que no han tenido niños por culpa del trabajo, o que han tenido el niño, pero han perdido el trabajo o no han promocionado», cuentan en las clases de educación maternal del Hospital Teresa Herrera. Cinco de ellas hablan de su experiencia, de sus alegrías y sus temores, de sus inquietudes y de cómo las trata la vida cuando se disponen a alimentar un poco más de ella. «Cada vez hay más sensibilidad, pero nunca es demasiada», concluyen. Paro Ser madre, parece, no es ningún buen negocio. Las empresas así lo ven y todavía muchas miran antes la edad fértil que el currículo de un candidato si es mujer. Un dato: el paro femenino duplica en el área coruñesa al masculino, supera el veinte por ciento, a pesar de que la tasa de mujeres en la Universidad ya es más elevada que la de hombres. Pero no todas están dispuestas a resignarse y dar por bueno que hay que elegir entre trabajo y familia. Además, en muchos casos, en la mayoría, tampoco existe la alternativa: no es factible optar por no trabajar aunque se desee dejarlo, porque «necesitas el sueldo», apuntan. «Yo no pido un trato especial por ser madre, pero ni para bien, ni para mal; no estoy reclamando ventajas, pero tampoco quiero tener que aguantar, aún encima y por que sí, desventajas y discriminaciones», resume una afectada antes aún de estrenar una maternidad deseada. Hace 25 años, oficialmente (es decir, con remuneración regulada y contrato en regla) sólo el cinco por ciento de las coruñesas trabajaban fuera de casa. Hoy superan el sesenta por ciento, según el Instituto Nacional de Estadística. No es de extrañar que las dificultades para conciliar vida laboral y familiar estén en boca de muchos y de casi todas. Y sus consecuencias, también: en 1978 las coruñesas tenían su primer hijo con una media de 25 años; en 1995, a los 28,4; hoy, tienen 31. Y sólo repiten las valientes. La espiral sigue girando y, a mayor edad, más probabilidad de complicaciones en el embarazo. En consecuencia, más posibilidades de necesitar períodos de reposo e ingreso. «Tendrían que ofrecer jornada reducida al final, antes del parto, igual que la hay después», apunta Cristina. No resulta difícil intuir dónde se apoyan los argumentos de la patronal para la temporalidad en el empleo y prever que las reticencias para la contratación femenina tendrán el listón de la edad cada vez más alto. Así las cosas, la tan cacareada crisis demográfica seguirá enquistada. El 2005 se cerró en la ciudad con algo menos de 4.500 nacimientos en los tres centros con maternidad, la inmensa mayoría de la comarca coruñesa. El número de bebés apenas se ha incrementado en un cinco por ciento con respecto al año inmediatamente anterior y en los propios hospitales, sobre todo en el de la red pública del Sergas, aseguran que el aumento tiene origen conocido: la recuperación de la natalidad continúa a expensas de la llegada de población inmigrante. NUEVE CHICAS Y UN CHICO. Sólo Pili (en el centro) tendrá niño, Hugo. Con ella y también embarazadísimas posan, de izquierda a derecha: Adriana, premamá de Sabela; Ángeles, que tendrá a Daniela; Cristina, y en su barriga Laura; y Chus, que espera a Noa.