Una ciudad parecida a Cádiz

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

XOSÉ CASTRO

Historias de A Coruña | Aubrey Fitzgerald viajó a A Coruña en 1920 Uno de los viajeros ingleses más destacados que paseó por nuestras calles fue Aubrey Fitzgerald Bell. Como recuerdo escribió «Spanish Galicia»

18 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Fitzgerald había nacido en Cumberland en 1881. Estudió en Oxford, donde se familiarizó con la cultura grecolatina y con las literaturas italiana y francesa. Fue viviendo en el sur de Francia cuando comenzó a interesarse por las culturas ibéricas. Aprendió sus lenguas e inició sus viajes por España y Portugal como corresponsal del diario Morning Post . Su identificación con estos dos países le llevó a residir en ellos durante largo tiempo y a profundizar en sus historias y en sus culturas. Fruto de esta dedicación sería su citado libro de viajes. Entre su vasta bibliografía destacan, además de Un peregrino en España , sus estudios y traducciones al inglés de Gil Vicente y Fray Luis de León, sus ensayos sobre literatura portuguesa y castellana y trabajos de divulgación como Un estudio del Renacimiento español . Vida bulliciosa En su viaje por Galicia, iniciado a comienzos del verano, tras entrar por la provincia de Lugo y visitar posteriormente Ferrol y Betanzos, llegó a A Coruña. Su primera impresión fue que la capital herculina se parecía mucho a Cádiz (curiosamente, 85 años después ambas urbes se hermanaron), a lo que añadió: «Tiene una vida bulliciosa, pero parece principalmente una ciudad de placer. Por la noche se siente una magia especial que proporciona un semicírculo de luces sobre la ría y la tierra. Sus muchos cafés, que están en la ribera del mar, son todo luces, cristales y música. Los pesqueros dejan ver claramente sus reflejos en el agua. Una multitud que procura el placer, aunque sea solamente el de gozar las noches de verano en un clima delicioso. Toda la ciudad está llena de alegría hasta primera hora de la mañana» (da la impresión de que nadie trabaja). Fitzgerald observó el contraste entre el resto de la urbe y la Ciudad Vieja, un remanso de paz y silencio. Destacó la inscripción del convento de las Bárbaras: «El placer de morir sin pena vale bien la pena de vivir sin placer». Apuntaría sobre la plaza de María Pita: «El progreso de A Coruña está marcado por el espléndido edificio barroco del Ayuntamiento y por las facilidades que se pueden obtener en la sala de lectura de la Reunión Recreativa e Instructiva de Artesanos». Faro de cultura Elogiaba, asimismo, la Academia Gallega como faro de cultura: «La ciudad tiene una importante vida intelectual. El presidente de la Real Academia Gallega, Andrés Martínez Salazar, prestó grandes servicios a la literatura y el editor de un importante diario, Eladio Rodríguez González, es uno de los poetas más conocidos. Aquí también puede verse al historiador Manuel Murguía, marido de Rosalía de Castro, que, a pesar de tener 87 años, camina muy rufo del brazo de su hija, con chistera y gabán en los días más calurosos de agosto», añadiendo: «A Coruña se complace en homenajear no sólo a su heroína del siglo XVI, María Fernández Pita, sino también a su celebrada hija del siglo XIX, doña Emilia Pardo Bazán».