Reportaje | Nuevos Ministerios recibe más de 1.200 visitas al día
08 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Todos los visitantes que entran en el edificio de los Nuevos Ministerios tienen que llevar una identificación en el pecho. Nada más pasar por el arco de seguridad, un guardia jurado entrega a los recién llegados una pegatina con una uve mayúscula sobre fondo azul. «Póngasela en un lugar visible y llévela mientras permanezca en el interior del edificio». Después, cuando el visitante sale del recinto, ya puede despegársela y dejarla en un montón que se ha formado a base de acumular pegatinas. Lo de esa masa de papeles fue una idea del personal que vigila la entrada. «La gente no se quitaba la pegatina hasta que estaba fuera del edificio, y las dejaba por ahí, en farolas, bancos... así que pusimos un folio DIN A3 para que pudieran dejarlas», comentan los guardias jurado. Poco a poco ese papel se convierte en una enorme masa que puede pesar hasta tres kilos. Cada semana, renuevan esa curiosa papelera de pegatinas. «La cambiamos más o menos cada semana porque por aquí pasa mucha gente. Nunca baja de mil personas al día (sin contar a los otros mil que acuden a su puesto de trabajo). Lo habitual son entre 1.200 y 1.300». El edificio de los Nuevos Ministerios es, con toda seguridad, el más transitado de A Coruña. Más que el Ayuntamiento, más que los juzgados, aunque sin desbancar al campeón, el complejo hospitalario Juan Canalejo. Moneda y Timbre La pegatina es la misma que se utiliza en los edificios oficiales de la Xunta en Santiago, Vigo y Ferrol. «También hay este tipo de identificación, que la elaboran en la Fábrica de Moneda y Timbre, en algunas sedes administrativas de Madrid. Es que entregar una tarjeta de las tradicionales a todo el que pase..., imagínese, qué caos... Esto es mucho más útil», explica uno de los guardias jurado de los Nuevos Ministerios. Aunque ya lleva un par de meses en funcionamiento, «todavía hay gente que se sorprende», comentan. Armas blancas Lo que sí es sorprendente es la enorme cantidad de armas blancas que requisan a los visitantes cuando pasan por el puesto de control. «Son sobre todo navajas. Algunas son pequeñas, pero otras... dan miedo. Los propietarios dicen que son para pelar la fruta. Sí, sí, la navaja la tienen pero la fruta no la llevan», comenta uno de los empleados con ironía. En alguna ocasión, también tuvieron que custodiar armas de fuego de los visitantes. «Todo estaba en regla, tenían licencia B, pero uno nunca piensa que la gente va con una pistola en la chaqueta».