Un instrumento por descubrir

CÉSAR WONEMBURGER

A CORUÑA

CRÍTICA MUSICAL | O |

13 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

LA ABUNDANCIA de conciertos lleva a los programadores, en ocasiones, a tener que estrujarse el cerebro para ofrecer propuestas estimulantes, más allá de lo trillado, de la pieza de ocasión. Ahora puede decirse que hemos disfrutado de un programa escogido con inteligencia y perspicacia, que además ha servido para comprobar, otra vez, la tan alabada ductilidad de la Sinfónica de Galicia para picar de aquí y de allá, y hacerlo siempre bien, en estilo. Dos compositores de la llamada primera Escuela de Viena, Haydn y Mozart, se enfrentaban a otros dos, Bartok y Kodaly, destacados defensores de la música de su país, Hungría, en el siglo XX. Para complacer a los más inquietos, las obras escogidas tampoco formaban parte del hit parade , y una de ellas, la del creador de El castillo de Barbazul , rendía homenaje a un instrumento inusual en funciones solistas, la viola. Como oficiante, un director que ya había disfrutado de merecido éxito -renovado ahora-, en anteriores comparecencias, Hansjörg Schellenberger. El alemán, de gesto claro y enérgico, pudo demostrar que no son necesarios los instrumentos de época para presentar un Mozart y un Haydn actuales, solventes, vivos. Hubo en su cuidadosa aproximación a ambos compositores las precisas dosis de dicción y acentuación, vigorosos contrastes dinámicos y nítida transparencia para ofrecérselos al público como si este los disfrutara casi por primera vez. El repertorio para viola se ha enriquecido sobre todo a partir del último siglo, y gracias al entusiasmo derrochado por intérpretes como William Primrose. El francés Gerard Caussé le sigue ahora en la causa a favor de un instrumento imprescindible entre la cuerda, pero poco glamouroso. Ahogado por sus más brillantes compañeros, sin embargo, cuando un intérprete sensible le hace justicia aflora toda su luminosidad, su color cálido, su voz profunda, romántica y amable. Y eso mismo ha ocurrido ahora con Caussé en el inacabado Concierto de Bartok: gracias a una gran versión, la viola ha salido del anonimato como un descubrimiento feliz. Pero aún hubo más, para el final se dejó el Concierto para orquesta de Kodaly, servido con atención y esmero por conjunto y director en un trabajo de eficacia admirable para sacar a relucir toda la riqueza de una obra amable, bella y más compleja de lo que podría parecer en principio. Esa es la esencia de una gran interpretación, hacer que lo complicado luzca sencillo; como silbar. Palacio de la Ópera. OSG. Obras de Mozart, Haydn, Bartok, Kodaly. Gerard Causse, viola. H. Schellenberger, dir.