Testimonio | Isabel Fouz El día que ella cumplía 31 años, ETA asesinó a su hermano y dos amigos al «confundirlos» con policías. Fue en 1973. «Interesó más buscar a Lasa y Zabala que a tres chicos coruñeses», lamenta
10 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Isabel se enteró por la prensa de que el fiscal jefe de San Sebastián, Jaime Goyena, ha pedido la reapertura del caso de los tres jóvenes coruñeses que ETA asesinó por error el 24 de marzo de 1973. Uno de ellos era Humberto, su hermano, que aquel sábado había cruzado de Irún a San Juan de Luz para ver El último tango en París . Le acompañaban sus amigos Jorge García y Fernando Quiroga. «Los tres vivían en mi casa -cuenta Isabel- y recuerdo que aún les dije que al volver no hiciesen ruido; yo tenía dos niños pequeños y estaba embarazada del tercero». Pero no volvieron. Después del cine, entraron en un bar a tomar algo, sin saber que era un local frecuentado por activistas. Con un coche matriculado en A Coruña -muchos policías en el País Vasco entonces eran gallegos- y un supuesto carné de agente de aduanas que llevaba uno de los chicos -«yo no sé si lo llevaba o no», advierte Isabel- bastó para que los asesinos dedujesen que eran policías. Y los mataron. Ninguno llegaba a los 30. «Yo quería agarrarme a cualquier cosa; primero pensamos que querían aprovechar el pase de fin de semana a Francia, después incluso llegué a convencerme de que los tenían retenidos porque mi hermano sabía nueve idiomas y les interesaba por las relaciones con otros países». Pero a los comentarios se sumaron la aparición de panfletos hablando del asesinato nunca reivindicado por ETA e incluso funerales que «nunca supimos quien promovía», señala. La familia aún hoy no ha enterrado a su muerto. «Va siendo hora de que alguien se interese», dice Isabel. «Sólo queremos saber dónde están; hay cosas que te desesperan, porque en un momento se preocuparon más por buscar los cadáveres de Lasa y Zabala, que eran asesinos, que los de tres chicos de La Coruña que sólo nos importaban a las familias; y todo por intereses políticos». Echaron, al principio, en falta apoyo, y también años después. A pesar de que incluso algunos terroristas, como Suárez Gamboa o Barea, han publicado escritos con alusiones al crimen, han pasado más de treinta años en el olvido. «Nos reconocieron como víctimas del terrorismo, pero nos costó muchísimo», subraya. Ahora, por el empeño de la diputada socialista Coral Rodríguez, sobrina de Humberto, se reabre el tema. «¿Es que hace falta estar en primera línea política para que se muevan las cosas? ¿Es que nadie se preocupa por la gente de a pie?», se pregunta aún ahora Isabel. Y concluye: «Hay víctimas de distinta categoría; hay víctimas de segunda».