El Rey, la Estrella y Sol

R. Domínguez A CORUÑA

A CORUÑA

FOTOS: CÉSAR QUIAN

Crónica | Visita real a Hijos de Rivera La llegada de Juan Carlos I a la cervecera de A Grela llenó la zona de policía y mucha expectación. Ni los chaparrones hicieron desistir a los incondicionales

04 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?ol fue para verlo, en vivo y en directo. Y allí estuvo iluminando. Con su falda gris plisada, su jersey de pico azul, su madre con barriga de ocho meses, y toda la paciencia. Mucha más de la que suele caber en apenas ocho años. Convenció a sus padres con la insistencia de la ilusión. Y aguantó hasta un chaparrón que, tras dos horas de espera, desalojó de A Grela a parte de los curiosos. Frente a ella, la Estrella. Y dentro, el Rey. Llegó Su Majestad a las 12.20, veinte minutos tarde por problemas con el mal tiempo. En Alvedro, claro. «En Madrid nunca llueve cuando sale el Rey», aclaró -por si cabía duda alguna- el encargado real de la prensa. Pero el cielo se abrió para recibirle. Él mismo bromeó acerca del respeto tributado por el clima después de bajarse de uno de los once coches, once, que formaban el séquito para un centenario con visita real, el de la cervecera Hijos de Rivera. Con Juan Carlos I, las autoridades. La ministra de Pesca, Elena Espinosa; el presidente de la Xunta, Pérez Touriño; la presidenta del Parlamento, Dolores Villarino; el delegado del Gobierno, Manuel Ameijeiras; y el alcalde, Francisco Vázquez. José María Rivera, director general de Estrella Galicia, ejerció de anfitrión con sus adjuntos. Primero, visitaron las calderas, donde el monarca saludó al comité de empresa, los directivos y accionistas. Después, pasaron a la zona de envasado, y los 300 trabajadores recibieron al Rey con un aplauso. Se hicieron la foto de familia y don Juan Carlos se despidió con un par de gestos, las dos manos al corazón y un saludo. Fuera de la vista pública quedó el resto del recorrido por la fábrica y el cóctel final que el monarca prolongó durante casi una hora más de lo previsto. Mientras, Sol seguía esperando fuera «por si tira caramelos». «Que no es como los Reyes Magos», le aclaraba su padre, intentando convencerla para cambiar la acera por la mesa para comer. A las 14.20 y de nuevo con el indulto de la lluvia, salieron los coches. Uno, con una corona en la matrícula. «Por la tele», decía Sol que vería al Rey. Don Juan Carlos, una pena, se fue sin ver una estrella más.