Desde Pastoriza

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

14 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

HAY lugares donde se para la vida o por los que transita a ritmo lento. Uno es el mirador de Pastoriza, al que suben las gentes durante este mes de octubre para rezarle a la Virgen o cumplir los rituales que cada uno interpreta a su manera: «Tres vueltas ahí, otras tres allí y nueve arriba», explicaba una mujer a su marido el miércoles. A Pastoriza llevaba hace años Arsenio a sus jugadores para sacarles algún meigallo. En ocasiones, los moteros suben las 103 escaleras que salvan la pendiente. Otras veces un cuarentón detiene allí su coche y al primero con el que topa le cuenta como ya su madre le llevaba de niño a rezar a la Virgen. En los días de sol, la vista vuela desde Pastoriza hasta el Prior perdiéndose en el mar, aunque uno de los mejores espectáculos es ver bajar la niebla blanca, montaña abajo, envolviendo los árboles que encuentra a su paso y perdiéndose en Meicende. En los atardeceres, los parroquianos se sientan en los bancos de piedra a repasar vidas y sucesos. De vez en cuando llega alguien, una joven, una madre con su niño, un matrimonio, para depositar un ramo de flores o encender una vela; varias decenas tratan de mantenerse encendidas resguardadas al pie de la rocas. La imagen de la Virgen siempre tiene flores cargadas de plegarias y una corona gastada. Alguien pintó de amarillo una petición: que pongan un contenedor de basura para recoger las flores mustias. Hace más de un año y nadie le hizo caso. Una mujer va plantando flores. Y cada anochecer (ese precioso momento de entre lusco e fusco) un grupo de jóvenes de Reto dan su paseo diario en busca de un lugar donde se para la vida o al menos transita a ritmo más lento.