Personajes coruñeses | Luis López Roel En la ciudad, en las fiestas de la comarca e incluso en Caracas, Luis López formó colas ante su puesto. El 14 de septiembre, muchos se acercaron a darle el último adiós en Feáns
12 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?or su nombre, no tantos lo identifican. Pero sí por su actividad. Luis López Roel era el churrero de la calle de la Torre. Falleció el pasado 14 de septiembre, a los 85 años y décadas después de cerrar el establecimiento que le granjeó amistades y popularidad. Coruñés de Santa Lucía, Luis López Roel había nacido el 2 de mayo de 1920. Nieto de armador de pesca e hijo de industrial, de bien joven comenzó a trabajar en la panadería Macho de La Falperra. De ahí le vino su afición por amasar y muy pronto convirtió los churros en el ingrediente básico de cuanta fiesta y feria se celebraba en la comarca. Con su barraca Las Estrellas se ganó «los mejores puestos en Betanzos, en Pontedeume...», cuenta su hijo, también Luis. «Los alcaldes de toda la vuelta lo buscaban y le daban los mejores sitios», insiste. Corría la década de los 40 y su fama de buen churrero. En el 43, se casó con Isabel Louzao García y seguidamente nacieron sus tres hijos, Isabel, Luis y Roberto. Los años difíciles le empujaron a buscar suerte en otras tierras y emigró a Venezuela. En el 55 se empleó como cocinero en casa del ministro de Obras Públicas, pero «poco después se animó y decidió abrir una churrería en la plaza de La Candelaria, en pleno centro de Caracas», explica. La llamó España y se montó en la capital venezolana al mismo tiempo que, en la misma ciudad, probaba suerte otro coruñés del mismo gremio, Bonilla. Cuentan que, de igual forma que hasta Pilar Franco o el alcalde Alfonso Molina se acercaban al puesto ambulante de Roel en la coruñesa plaza de España o en los jardines del Relleno, en Caracas las colas eran comunes ante la churrería España, frecuentada, entre otros, por el dictador Pérez Jiménez. «Pero volvieron pronto porque a mi madre le entró morriña; nos había dejado a nosotros con nuestros abuelos», explica el hijo. Vivieron primero en Santo Tomás y después en la calle de la Torre, donde en 1956 montaron, en la esquina con Atocha, la churrería. Con el mismo nombre que al otro lado del Atlántico, España, surtió de su mejor producto a los cuarteles militares, a los Salesianos... «se vendían por miles y entonces no es como ahora, se hacían a mano y se trabajaba toda la noche», recuerda. Gran parada La fama del local llevó hasta la calle de la Torre a numerosos personajes, incluidos los artistas que, por entonces, visitaban el Teatro Rosalía de gira. «Siguieron viniendo después, cuando puso el café Gran Parada en Millán Astray», cuenta su descendiente. Asegura que «no he vuelto a probar churros mejores», a pesar que entre sus recuerdos figura que su padre en casa «no hacía churros, pero hacía unas empanadas...». Su receta no se perdió, asegura su hijo. Y tampoco su recuerdo. A su entierro en Feáns acudieron muchos de los que lo apreciaban. «Hizo mucho bien; era buena persona», concluye.