Transporte

RAMÓN CASTRO

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

11 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

SIEMPRE hay que escuchar a los veteranos. Y en el sector del volante dicen los veteranos que todos los años ocurre lo mismo. Que llega el mes de octubre, las calefacciones tiran del gasóleo, el Gobierno sube el precio del combustible y los transportistas se ponen en huelga. Puede que ello sea cierto. Pero este año es distinto. El barril de crudo ha alcanzado precios que hace poco parecían impensables y los camioneros, como los armadores de pesca, pierden dinero cada día que salen a trabajar. Ayer, los conductores que formaban piquetes en los centros neurálgicos de la distribución en A Coruña explicaban cómo les afecta en sus cuentas este asunto de la ciencia macroeconómica. «Es que estamos desesperados. Muchos compramos nuevos camiones hace poco, aprovechando que los intereses de los préstamos están bajos, y ahora nos vemos con que no sabemos si podremos pagarlos. Por eso estamos dispuestos a hacer huelgas y lo que haga falta». En el otro lado de la mesa, los pequeños comercios, las cafeterías y las tiendas de productos perecederos abren el periódico con el deseo de leer que el paro se acaba. Porque temen que se les acabe la mercancía, y ellos también tienen que pagar unos recibos que no entienden de huelgas. Y, al final de la cadena, los consumidores como usted o como yo, que vamos con el tiempo justo a la carnicería y no queremos ni oír hablar de que todo sube, menos las nóminas, porque los árabes están subiendo el petróleo. En fin, que alguien haga algo. Por ejemplo, ajustar los impuestos para que se mantenga el equilibrio. ramon.castro@lavoz.es