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Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

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Historias de A Coruña | El paso de los ciclones por la ciudad Llegaron como los últimos coletazos de huracanes tropicales, pero uno de ellos, el «Hortensia», dejó un muerto y millones de las antiguas pesetas en pérdidas materiales

01 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Suelen aparecer en la costa coruñesa entre agosto y noviembre. Son los restos de los ciclones tropicales que tras pasar cerca de la península de Florida, en Estados Unidos, recurvan en Cabo Hatteras y, convertidos en una borrasca, aunque sin frentes (caliente y frío), llegan a Europa. Algunos causan serios problemas, como el famoso Hortensia que, a primeros de octubre de 1984, recaló en la costa gallega. La Voz avanzó la noticia en su primera página del día 3, aunque sin caracteres alarmistas. Se decía que los restos de este ciclón tropical se acercaban con vientos de entre 75 y 85 kilómetros por hora. Después, la intensidad fue bastante mayor, pues los vientos alcanzaron rachas, en Ferrol especialmente, de hasta 160 kilómetros hora (fuerza 2 de la actual escala de Saffir-Simpson). Las principales víctimas fueron los árboles, postes eléctricos y telefónicos, vallas y chabolas, así como otras construcciones endebles. Golpe con una teja En A Coruña murió un anciano, José Garrido, que fue golpeado por una teja cuando pasaba por la calle Justicia; se derrumbó una casa en la calle Panaderas; sufrió daños la cúpula del Palacete de Santa Margarita, la techumbre del cine Goya, los locales de Protección Civil, un muro del Matadero y el polideportivo de los Salesianos. Las pérdidas en toda la provincia se calcularon en 5.000 millones de pesetas. Once colegios no abrieron ese día, varios barcos rompieron sus amarras y sufrieron abolladuras a causa del mar de fondo; hubo personas mayores que se arriesgaron a salir y se agarraban a las farolas hasta que llegaba Protección Civil. El paso del ciclón fue, asimismo, una de las primeras pruebas de fuego para el nuevo alcalde, Francisco Vázquez (sólo llevaba un año y cinco meses en el cargo). Al final, el regidor declaró orgulloso: «El Ayuntamiento coruñés funcionó como un Estado en pequeño».