Género | Juicio a una presunta cleptómana por un hurto Una mujer confesó ayer que no podía evitar robar. La jueza le aconsejó relajarse y, sobre todo, no entrar en las tiendas
27 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Una mujer esperaba ayer nerviosa su turno para entrar en el juzgado. Cuando por fin pasó a la sala y se colocó ante la jueza fue para responder por un hurto. La encargada de la tienda que la firma Mango tiene junto al Obelisco la denunció por haber intentado llevarse sin pagar un abrigo de punto y una sudadera. «La señora salió y sonaron las alarmas. Le pedí que volviese a entrar y pasase de nuevo por si era un fallo del sistema, pero no. Llevaba unas prendas nuestras», explicó la chica. «Pitó porque en una de ellas se había olvidado de arrancar una de las alarmas», dijo. La mujer confesó desde el principio. «Sí, cogí la ropa», reconoció en cuanto tuvo la palabra. Pero, al parecer, porque no lo pudo evitar. «Tengo una enfermedad y de vez en cuando me da por hacer eso. Tengo temporadas y puede ser una chaqueta, un bolígrafo o una goma de borrar, da igual. La ansiedad que tengo es de coger algo», aseguró. «Aquel día -continuó- salí a hacer unas compras, pero luego se me dio por entrar allí y robar». La magistrada le preguntó entonces si era cleptómana y la mujer le dijo que sí, que los médicos que la trataban ya no sabían qué hacer con ella. «Me dicen que salga acompañada, por si acaso, pero me he encerrado en mí misma. No tengo familia y ya no veo ni a mis amigas», explicó. Gimnasio o pintura La jueza y la fiscal decidieron entonces darle algunos consejos para no dejarse dominar por la tentación de apoderarse de lo ajeno. «¿Se da cuenta de que no puede seguir así? ¿Por qué no se apunta a un gimnasio», le recomendó la magistrada. La fiscal incluso la animó a ir a clases de pintura. «Haga algo que la relaje», le indicó. «O compre un perro para mantenerse ocupada», agregó. La sesión de terapia en el juzgado no acabó ahí. La acusada, que afirmó que la medicación que le habían recetado ya no le hacía efecto, reconoció que padecía la enfermedad desde hacía años y que cuando no se quedaba en su casa, salía y entonces no podía evitar el impulso de robar. «Ya no sé qué hacer», comentó desesperada. Lo primero, según le prescribió la jueza, no entrar en las tiendas. «Salvo cuando esté segura de que va a pagar lo que coja», matizó. «Lo que tiene que hacer es salir de casa, pero a sitios de riesgo, como las tiendas, procure no ir», insistió. Aunque la mujer se ganó las simpatías del tribunal, no pudo librarse de ser acusada por el hurto cometido en la tienda de ropa. Eso sí, a la vista del problema de cleptomanía que sufre la mujer, la fiscal prefirió ser benévola con ella y solicitó que sólo fuese condenada a la pena mínima: una multa de 90 euros y el pago de otros 66 por el valor de las prendas sustraídas, que quedaron inservibles al haber forzado las alarmas. «Tiene que cambiar de comportamiento», le advirtió la jueza. La mujer hizo propósito de enmienda antes de salir de la sala. «Yo quiero. Lo intentaré», respondió.