Implicados en la pelea de Party dicen que los porteros solían ser violentos

La Voz S.?B. | A CORUÑA

A CORUÑA

EDUARDO

Aseguran que los vigilantes de la discoteca sacaban a clientes «a golpes y empujones».

21 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

«Es una discoteca impresionantemente tranquila. Menos aquel día», aseguró ayer en la Audiencia Provincial de A Coruña M.?A.?B.?M., uno de los propietarios de la discoteca Party de Carral, y acusado junto a su hermano, E.?B.?M., también dueño del local, y a siete porteros de participar en una pelea el 13 de febrero del 2000 que dejó malherido e incapacitado a un joven de 20 años. Los que no piensan lo mismo son los otros tres involucrados en la reyerta, clientes de la sala de baile, que ayer aseguraron que el personal del local solía ser violento. «Este tipo de incidentes eran habituales allí. Los porteros solían sacar a la gente a golpes y a empujones», apuntó J.?C.?P. «Había violencia entonces, y la sigue habiendo ahora», insistió J.?M.?R.?P., otro de los implicados. Según declararon, aquella noche entraron juntos en Party, uno con un corsé por un accidente que había tenido y otro con una muleta, en compañía del hermano del primero, R.?C.?P. Mientras que el personal de la discoteca asegura que los tres les agredieron, los jóvenes mantienen que los vigilantes les golpearon tras expulsarlos del establecimiento por una discusión que uno de ellos había mantenido con un grupo de chicos. «Uno me dio a mí con la muleta en la cabeza», dijo J.?C.?P. en referencia a uno de los porteros, F.?C.?S., principal imputado y al que fiscal pide diez años de cárcel y 153.500 euros de indemnización (la acusación particular eleva la pena a 12 años y al pago de medio millón de euros). «Incluso uno de ellos me pidió perdón después», añadió J.?C.?P. Sin embargo, los dueños de Party señalaron que fue R.?C.?P. quien atacó a los porteros con la muleta. «Entró agitándola como un helicóptero, zumbando a todos», dijo M.?A.?B.?M. Además, aseguró que J.?C.?P. era «conflictivo y siempre montaba follón», y tenía vetada la entrada en la discoteca «desde hacía un año y medio», pero que ese día le permitieron pasar. «Desgraciadamente entró una bomba de relojería», dijo. El propietario negó también que sus empleados utilizasen la violencia con los clientes. «Pero si son una referencia y va gente allí a contratarles», indicó.