Lorca y Picasso

VICTOR OMGBA

A CORUÑA

HACE unos días escribía un reportaje sobre el paso de Lorca por Betanzos y las innumerables veces que el poeta estuvo en A Coruña tanto para leer conferencia como con su compañía La Barraca. La presencia de Lorca en Betanzos está inmortalizada en una instantánea donde el poeta posa con sus amigos delante la iglesia de San Francisco. Todo se quedó allí. Hoy, el poeta no tiene ni placa que le recuerde, ni calle que aviva nuestras mentes y nos haga recitar mientras vamos cuesta arriba: «Verde que te quiero verde». ¿Qué pasa, por qué no hay rastro del poeta en A Coruña? Lorca sólo era como aquel pájaro que migra. Iba y venía. ¿De allí, tal vez, su no inclusión en los planes políticos? Si es así, ¿qué sucede entonces con Pablo Picasso? El pintor durmió aquí. Tuvo los primeros callos por rasgar el papel de dibujo aquí. Es coruñés de toda la vida aunque de él sólo nos queda una casa: la casa Picasso y una placa en la calle Real más borrosa que los trazos de tiza en un encerado de la escuela de mi pueblo. Ni actos. Ni conferencias. Ni seminarios. Ni exposición. Oscuridad cultural. Sin embargo, yo sé de quienes pagarían por tenerlo como lo tuvimos. ¿No es cierto que en Francia le llamaban Paul Picasso? victor.omgba@lavoz.es